Si había un dulce en Gumiel típico de Santa Águeda, ese era sin duda la cagadilla.

Hecho como todos los dulces humildes con lo que se tenía a mano, la cagadilla, conocida por ahí fuera como guirlache, tiene casi con toda seguridad origen árabe. Los frutos secos y la miel son dos ingredientes básicos en la cocina bereber, cocina que dejó una huella importante en la repostería española —pensemos en el turrón, mazapanes, alfajores y demás glorias navideñas— y que todavía es fácil encontrar en abundancia, y en las más atractivas variantes, cuando se viaja por el sur de España.

fuente de dagadilla

Muchos investigadores sitúan este tipo de dulces como propios de la Corona de Aragón, es decir una cocina de las regiones típicamente mediterráneas, pero la presencia en nuestros pueblos de este tipo de dulces nos afirma en la idea de que también se extendieron tierra adentro.

Sobre por qué nosotros preferimos llamar cagadilla y no guirlache — palabra de origen francés— a este dulce no vamos a insistir, que cada uno busque las similitudes, pero dado que hay quien riza el rizo y la llama cagadilla de monja, bien podríamos emparentarla con otras excelencias del cuerpo humano: tetas de novicia, pelotas de fraile o incluso más espirituales como suspiros de monja y cabello de ángel.

Hacer la cagadilla es simple, hace falta, eso sí, tener buena mano y dos ingredientes básicos: frutos secos y azúcar, aproximadamente en partes iguales. Como frutos secos se utilizan los que se tengan, aunque «una cagadilla sin piñones…», y a falta de ellos siempre se podrán utilizarse unas pipas de calabaza, como nos comentan que echaban en Tubilla.

Para hacerla se echa el azúcar en una sartén amplia —hay quien unta el fondo con un poco de aceite— y poco a poco a fuego moderado, añadiéndole un poquito de agua si se precisara, se lleva a punto de caramelo. Se añaden en ese momento los frutos secos, se mezclan bien y  sin dejar de remover se continúa la cocción unos tres minutos. Se echa sobre una superficie antiadherente — los papeles de horno o de aluminio son muy adecuados— y se deja enfriar.

En la foto la cagadilla que disfrutamos siete gomellanas en la última Santa Águeda, y para no ser menos el postre de manzana con el que nos obsequió Encarna, ¡auténtica alta cocina!, pero cuya receta no damos porque es secretillo personal.

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María del Carmen Ugarte