María del Carmen Ugarte vuelve a la memoria gomellana para traernos esta vez la historia de un villancico y unas comedias representadas durante la Navidad de 1939: La gitanilla de Belén.

Adoración de los pastores en el portal de Belén

Adoración de los pastores: bajorrelieve de la capilla del Rosario

Corría la Navidad del año 1939, los recuerdos y secuelas de la guerra civil estaban todavía muy recientes, pero la costumbre de hacer comedias en las escuelas no se había perdido. Los valores propugnados por el nuevo régimen se extendían también a través de este medio, cualquier ocasión era buena.

En Gumiel, la maestra de las mayores era doña Estefanía, que ya llevaba algunos años ejerciendo. Tenía una hija, Carmen, también maestra, que una vez terminada la guerra y la carrera, se vino a vivir con su madre. Ella fue la que tuvo la idea de montar con el grupo de niñas mayores una obrita de teatro, titulada La gitanilla de Belén, que años antes la había escrito un sacerdote granadino, Manuel Medina Olmos, que llegaría a obispo de Guadix. Manuel Medina  había sido fusilado en Almería en agosto de 1936.  Fue beatificado por Juan Pablo II en 1993.

Este sacerdote había ejercido parte de su carrera en la abadía del Sacromonte, en cuyo barrio del mismo nombre vivían gran número de gitanos. Allí fundó, junto al padre Manjón, las escuelas del Ave María, dedicadas en un principio a la enseñanza de la población gitana, aunque luego se extenderían por toda España.

Para apoyarse en su labor didáctica, Medina Olmos utilizaba todo tipo de recursos, incluidas pequeñas piezas teatrales, que el denominaba pasillos, y que hacía interpretar separadamente a niños y niñas, según la doctrina católica de la época que propugnaba la separación de sexos en las escuelas. En sus obras mezcla también música y hace intervenir coros y rondallas que interpretan obras musicales conocidas.

La gitanilla de Belén es una de las obras para niñas. De carácter costumbrista, basada sin duda en su experiencia sacromontina,  amplía la estrofa de un villancico muy popular y difundido —llamado por unos La gitanilla, y por otros simplemente Vamos, pastores, vamos— escrito en el siglo anterior por Evaristo Ciria (1802-1875). En él una de sus estrofas dice:

Yo, pobre gitanilla,
al Niño le diré,
no la buenaventura,
eso no puede ser.
Le diré me perdone,
lo mucho que pequé,
y en la mansión eterna,
un ladito me dé.

En la obra de Medina Olmos, la Virgen dialoga con la gitanilla y le pide que le diga la buenaventura al Niño, pero que no le diga lo que le va a pasar para que no se asuste. Hay que recordar que había una cierta tradición de hacer presente la muerte en la cruz ya desde el Nacimiento. Recordemos al respecto esta copla popular que se recita en Gumiel sobre el ambiente familiar en la casa de Nazaret:

San José es carpintero,
y la Virgen costurera,
y el Niño adora la cruz,
porque va a morir en ella.

Volviendo a la obra, se representó en la casa del cura, en la plazuela del Pozo, en un gran salón que daba a la huerta y que servía de teatro. Los vestidos de las protagonistas, la Virgen, ataviada con un blanco camisón de seda y un manto azul hecho con unas cortinas, y la gitanilla, descalza y con un vestido todo roto.

Antes de entrar en la comedia propiamente dicha, un coro de pastoras interpretaba el villancico completo, cuya letra, tal como se recuerda en Gumiel, reproducimos a continuación.

Vamos, pastores, vamos,
vamos a Belén,
a ver en aquel Niño,
las glorias del Edén.

Ese hermoso Niño,
yo me muero por él,
sus ojitos me encantan,
su boquita también.
El padre le acaricia,
su madre mira en él,
y los dos extasiados,
contemplan aquel ser.

Vamos, pastores, vamos,
vamos a Belén,
a ver en aquel Niño,
las glorias del Edén.

Yo, pobre gitanilla,
al Niño le diré,
no la buenaventura,
eso no puede ser.
Le diré me perdone,
lo mucho que pequé,
y en la mansión eterna,
un ladito me dé.

El villancico, ya desde que su autor lo lanzó se hizo muy popular y saltó el Atlántico para instalarse en América conociéndose y cantándose en casi todos los países de habla hispana. Algunas versiones añaden otras estrofas, y también ha sufrido algunas variaciones en la letra, para adaptarlo a las características de cada región.

Dada su popularidad se sigue versionando y acoplando tanto a los cantores individuales como a los conjuntos corales, interpretándose cuando llega la Navidad.

En cuanto a la obrita de teatro, en el pueblo natal de Medina Olmos, Lanteira, se recuperó y representó en el año 2010 por el grupo de catequesis.

Este artículo ha sido posible gracias a los testimonios orales de Celia García y Antonio Guerra (q.  e.  p.  d.), que en su día me cantó la copla de la familia de Nazaret. Para otros datos, ver referencias. Foto de cabecera: Ediciones Postal Inter Burgos.

Dedicado a el coro parroquial que año tras año siguen cantando villancicos.

María del Carmen Ugarte García

Referencias

  • JARAMILLO CERVILLA, Manuel: «Monseñor Medina Olmos y los obispos de Guadix-Granada escritores». Boletín del Centro de Estudios Pedro Suárez. 1993, pp. 69-76. [En línea]: http://cepedrosuarez.es/docs/boletines/B06_1993_08_JARAMILLO.pdf, [consulta: 29-12-2016].
  • La gitanilla: villancicos al Niño Jesús. Base de datos del patrimonio bibliográfico del Patrimonio Nacional. [En línea]: http://realbiblioteca.patrimonionacional.es/cgi-bin/koha/opac-detail.pl?biblionumber=78984, [consulta: 29-12-2016].