Gomelia agradece expresamente a los vecinos del barrio de San Juan la labor colectiva llevada a cabo para realizar este artículo sobre el pasado, presente y futuro del barrio. Animamos a otros barrios a llevar a cabo trabajos similares.

El barrio de San Juan: su historia, sus vecinos

El barrio de San Juan lo constituyen las calles de San Juan y Cantarranas con sus aledaños, más la calle Paredones —antes Cantareros—, que sube desde el caño hacia el alto de Santiago, las antiguas eras del alto de San Juan, las Adoberas, y un tanto retirada la «tejera».

Barrio en el que se mezclan y conviven, casas nuevas, viejas, algún chalé, pisos, merenderos, huertos, corrales… y el edificio que fue durante bastantes años cuartel de la guardia civil, hoy dividido en viviendas particulares.

La calle San Juan era la prolongación extramuros de la de San Miguel, cuya puerta de la muralla era conocida con el nombre de Puerta de Camino Real a Quintana, si bien en la documentación aparece con el nombre de Puerta de San Miguel. Con la desaparición de la muralla —algunos de cuyos restos quedan en el ángulo de la casa de los Petitos— y el trazado de la carretera nacional I, Madrid-Irún, la calle de San Juan comienza a partir de la carretera hacia las Adoberas.

No queda vestigio alguno de la ermita que dio nombre a la calle y al barrio, cuya existencia ya constaba a principios del siglo XIV y en ella radicaba la cofradía del mismo nombre que fue erigida el 18 de diciembre de 1360. La cofradía se extinguió en 1820.

San Juan (circa 1970). En esta foto vemos, a la izquierda, ya una pequeña y deteriorada acera que recorría la calle en su parte derecha.

Como se ha mencionado arriba, al tener un carácter periférico y de entrada o salida del pueblo, en él se alternaban las casas, los huertos y los corrales. Si hacemos su recorrido vemos que en su inicio aparece un pequeño repecho que solía ser muy dificultoso para el arrastre de los carros en las faenas agrícolas… En la foto antigua de este tramo de la calle vemos también, a la derecha, la regadera que recogía las aguas de las canaleras. Su principio estaba varios metros más arriba, en la esquina de Romacha, seguía por la casa de la tia Palillas en un tramo bastante vado. A partir de la casa de la tia Ramona se hacía más profunda y en la esquina estaba la boca de la entrada del canal que pasaba por debajo de la carretera. Ya pasada la carretera, junto a la casa de los Campanillas, y como puede verse en la foto, la embocadura era profunda, cuadrangular y con buenas piedras. Poco más abajo, hacia la mitad de la citada casa de los Campanillas, recogía las aguas que venían de la regadera del corral del Rojas, la casa del Ahumada y la del Hortelano.(1) La regadera a partir de la puerta de entrada tenía menos profundad que el tramo inicial de la fachada y seguía toda la fachada casi al nivel de la calle hasta la esquina del huerto y casa de la Morena y se juntaban las aguas que salían del caño que iban a parar al  inicio del huerto del tio Sendino, hoy de los Baronas, con las que se regaba, y seguía ya bordeando el camino hasta las Adoberas y la Tejera. Hoy, con la urbanización de la calle, la regadera está soterrada, aunque vuelve a ir en superficie ya en zona de huertos, recogiendo las aguas de distintos manantiales; siempre fue zona húmeda donde se criaban bien los caracoles. Antes de su urbanización, y en época de lluvias, se formaban a lo largo de toda la calle buenos barrizales, que dificultaban el tránsito de los carros.

Entonces, pues no estaba construida la vivienda que hoy hace esquina, la primera vivienda de la derecha la tuvo alquilada muchos años Felipe Oquillas, hoy es propiedad de Adoración y Angelines San Miguel Laso. A continuación venía el corral del tio Lusines, donde en la década de los sesenta levantó una casa su hijo, casado con la Nati, la Hortelana, donde han vivido hasta su muerte. A continuación venía la casa del tio Domingo García, el Alubia, y su mujer, la tia Vitorina Blanco, que tuvieron varios hijos: Teófilo, Lola, Felisa, Máxi, Nati, Cristino y Josefina. En esta casa estuvo durante muchos años el teléfono público de Gumiel.

Travesía en San Juan (2015)

Travesía en San Juan (2015)

  A continuación la casa de Fernando, el Raspilla, con sus hijos Germán y Alejandra. Ya en la esquina estaba la casa de Raimundo Blanco y Gregoria, la Pacheca, con sus cuatro hijos: Tomás, Florián, Mateo y Carmen; la casa pasó a su hijo Tomás Blanco, casado con Marciana Berganza.

Un callejón sin nombre  unía y une las dos calles, San Juan y Cantarranas.

Por la izquierda, en la primera casa tuvieron fábrica de alcohol durante muchos años, Luis Ontoso y María Martín, que pasó en herencia a sus hijos, y luego a sus nietos: Gregorio, Felipe, Máxima, María, Eusebio y Vicente. En ella vivieron en los años treinta del siglo pasado, hasta que se construyeron la propia de la que hablamos más abajo, Goyo Oquillas, el Capiro, y Paz Pineda, natural de Villanueva; en ella nació su hijo mayor, Dimas. A principios de la década de los cuarenta, en la avenencia de herencias, la adquirió el matrimonio formado por Eusebio Ontoria Cilla, el Campanillas, y Máxima Oquillas Ontoso, pasando posteriormente por herencia familiar a sus hijos: Francisco, Alejandro, Marcelina, Encarnación, Teresa y Pedro.(2) Esta casa se prolongaba en corral y huerto hasta ocupar el primer tramo de la calle. Hoy un edificio de dos plantas destinadas a viviendas ocupa ese tramo de la calle.

Calle de San Juan (2015)

Calle de San Juan (2015)

En la plazoleta que forma el caño se encuentra la casa de Germana Ontoso del Olmo, conocida como la Morenilla, donde vivió la tia Pichoncha con su nieta la Moruquilla, que era de Villanueva, y más tarde Serafín Ontoria, el Tuto. La Morenilla sigue guardando la caña con la que se cogía el agua, directamente del chorro, para el consumo humano. Más adelante volveremos al caño, por ahora baste decir que en este lado y durante mucho tiempo estas eran todas las viviendas hasta llegar a la tejera, aunque no faltaban los corrales y otras construcciones accesorias. En la calle Paredones, encima del caño, hoy se encuentra la casa de Carlos Sondesa y Natalia del Sastre, la Cintas.

Volvemos a cruzar la calle, y en ella nos encontramos dos corrales, el de la tia Palillas y el de los Cirilos, que con pequeños arreglos se encuentran como estaban hace años. Buen sitio para tomar el sol durante buena parte del día y ver a la gente pasar, como podemos ver en la foto antigua.

Barrio de San Juan (circa 1980)

Barrio de San Juan (circa 1980)

Al finalizar el corral de los Cirilos se juntan las dos calles, Cantarranas y San Juan, y siguen su camino, como calle única, hacia la tejera.  Allí, en la acera de la izquierda, encontramos en primer lugar la casa construida por Gregorio Oquillas y Paz Pineda en 1937, hoy propiedad de su hija Felisa, la Capira, otra de las vecinas que dan personalidad a este barrio.  El matrimonio de Gregorio y Paz dio al barrio numerosos niños, Dimas (nacido en 1935), Alicia (1937), Felisa (1939), Linos (1942), Ana Mari (1944), Toñi (1946) y Josefina (1949).

En la pared de esta casa, un poyo que fue reformado por Andrés, el Busca, en 1984, conforma un elemento esencial del barrio, ya que a su alrededor se forman agradables tertulias durante los meses de verano. No faltan en estas tertulias el clarete y algunas golosinas, para mejor pasar, que los vecinos comparten. El valor etonográfico de este poyo aumenta si pensamos que es él único de los antiguos que queda en Gumiel, los de La Tina son más modernos. Durante mucho tiempo los poyos estuvieron gravados por un impuesto municipal, y por otro lado las sucesivas reformas y urbanizaciones que han sufrido las calles y las casas han hecho desaparecer el resto. El poyo de la Capira, es pues todo un referente.

Barrio de San Juan. Casa de la Capira

Barrio de San Juan. Casa de la Capira

A continuación está la casa que fue del tio Domingo Blanco, el Zurraila, y su mujer, la tia Lucila Martín, hoy propiedad de los herederos de su hija Juliana. Este matrimonio aportó cuatro hijos al barrio: Juliana (1914), Bonifacia (1917), Edesio (1920) y Antonia (1923). Y como solía ocurrir en aquellos años en que al casarse los nuevos matrimonios vivían un tiempo en casa de los padres, del matrimonio de Antonia Blanco y Andrés Miguel, el Busca, nacieron en esa casa Isidro (1950) y Pedro (1952). La emigración dispersó a los hijos y nietos del tio Domingo y la tia Lucila por Vizcaya, Barcelona y Madrid.

Barrio de San Juan. Casa del tio Domingo y la tia Lucila

Barrio de San Juan. Casa que fue del tio Domingo y la tia Lucila (2015)

A continuación venía la casa de Domingo Ontoria, el Mela, con sus hijas Pura (1923), Leo (1925), Vicenta (1927). Jandri (1929) y Alfonsa, tampoco ellas permanecieron muchos años en Gumiel aunque volvían regularmente. A continuación había un espacio de huertos, y la llamada «casa del hortelano» donde vivió bastante tiempo Juanito, el Puerro, pitero que acompañó desde su creación al grupo de danzas de la localidad y en cuyo honor tomó el nombre en la década de los ochenta. Con Juanito vivieron sus hermanas Vicenta, Emilia y Francisca. Hoy esa casa la ocupan los veranos Iñaki y Beg0, dos sanjuaneros de pro.

El barrio era abundante en féminas, por lo que era también muy concurrido por los varones del pueblo que aprovechaban los viajes al caño para solazarse un rato en chanzas y charlas.

Dejemos el caño para el final y terminemos muestro recorrido por las casas del barrio. En la tejera nos encontramos otras tres chicas: Rosina, Blanca y Carmina, y seis chicos: Víctor, Fildel, Ramón, Juanito, Chuso y José. La tejera estuvo alquilada durante varios años en la década de los 90 a RETO, organización dedicada a la recuparación de toxicómanos. Estos singulares vecinos del barrio no dieron ningún tipo de problemas y recogieron durante bastantes años los trastos viejos, reparando los que tenían compostura para venderlos en sus tiendas y mercadillos. También vivían de diversas donaciones.

En este paraje, que conocemos como la Tejera, en el merendero de Alfonso y Maxi, algunos años después, tuvo asiento, como no podía ser de otra forma, la peña La Tejera, una de las más vetustas y con solera del pueblo.

En 1976, Antonia y Andrés, el Busca, compraron a la Hilaria la era de al lado del huerto del tio Sendino, donde levantaron casa, que empezó a habitarse en 1979. Más tarde, justo al lado, José Luis, un hijo de Tomás y Marciana construyó otra, quedando así habitadas ambas aceras, y «abriendo» así el gran salón del barrio. Las nuevas generaciones contribuían con estas segundas viviendas a acrecentar y consolidar ese barrio al que se sentían tan unidos. Una buena muestra de ello lo vemos en Maricarmen, la mujer de José Luis, que gusta «apellidarse» San Juan cuando da su nombre en el pueblo: Maricarmen (la de) San Juan.

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Calle San Juan (circa 1975)

En la calle Cantarranas, y en lo que otro tiempo eran huertos frente a la parte baja del cuartel, un huerto que también llevó el Puerro, levantaron las hermanas Ontoso, Leo y Salo, sendas casas pareadas. Más tarde, su hermano Pedro, construyó otra en la misma calle más abajo, justo al lado de la Capira.

El cuartel, con su trajín y sus familias habitando en él, los chicos de los guardias, formaron parte también de este barrio desde 1920 a 1965.

Barrio en el que se vivía mucho de puertas para afuera, barrio en el jugaban los niños —hoy también podemos contar varios alegrando sus calles—, barrio, en definitiva, de paso y para quedarse.

Jugando en la calle (circa 1975)

Jugando en la calle (circa 1975)

Barrio en el que las vecinas compartían saberes y ayudas, y hablando de los numerosos niños que nacieron en él conviene recordar, sobre todo para las nuevas generaciones, que los partos entonces no eran como ahora. Se hacían en casa con la ayuda de alguna vecina y de las parteras, mujeres con experiencia pero sin conocimientos médicos. La tia Maximina Calvo ejerció estas labores muchos años y todavía se la recuerda en el barrio. Si el parto se ponía difícil, la parturienta se ayudaba agarrándose a una soga atada a los pies de la cama.

Trasera y corral de la casa de la Máxima (1970s)

Trasera y corral de la casa de la Máxima (años 70)

Notas

(1) Es la zona que queda en la carretera, a un nivel más bajo, entre el Corralón y la casa que hoy es propiedad de Marcelina Ontoria.

(2) Una foto de esta casa en los años 70 puede verse en Nos Interesa, n.º 66, 15-09-2002.

 Este artículo ha sido posible gracias a la memoria y colaboración de las siguientes personas, citadas en orden alfabético: Concha Arias, Joseba Blanco, Valentina Briongos, Paquita González, Armando Marín, Isidro y Pedro Miguel, Dolores Olmedo, Pedro Ontoria, Felisa Oquillas, Natalia del Sastre y María del Carmen Ugarte.

Continuará en Barrio de San Juan (II)