Érase una vez un pueblo que tenía una revista que se distribuía de forma gratuita en las panaderías. De formato simple y sobrio, porque había que «reducir costes», cumplía perfectamente su cometido: tener a los gomellanos informados. Publicaba cartas en las que los vecinos expresaban sus inquietudes sobre lo que acaecía en la villa. Algunos para criticar, muchos también para agradecer la labor de otros. En ella también los gobernantes daban cuenta de los acuerdos que alcanzaban en el pleno municipal, para el conocimiento de todos sus vecinos. Cuando la prensa provincial se hacía eco de lo que acaecía en el lugar, entonces se incluía una fotocopia en sus páginas. Los intelectuales del lugar se dedicaban a rebuscar en la historia del pasado, recuperando manuscritos añosos y costumbres perdidas. Tampoco faltaban las entrevistas a gomellanos ilustres, las poesías, las recetas de cocina o los pasatiempos…

Un día, los gobernantes decidieron que era una herramienta peligrosa. Se acordaron de La Crisis, la dichosa Crisis, sacaron las tijeras y silenciaron su voz. Lo que no sabían era que los gomellanos no los necesitaban. Unas sombras anónimas del ciberespacio, después de darle al clarete en su bodega digital, decidieron que era la hora de dar voz a los que la perdieron.

Y así nació Gomelia. Gomelia la haces tú. Escribiendo sobre las últimas gestas futbolísticas de El Terremoto, sobre lo bueno que estaba el último cocido que preparó el Martillo, lo que echas de menos las chuletas con la cuadrilla desde tu exilio en Finlandia, lo que te molesta el tráfico de peatones por las calles del pueblo, o lo que te gustaría organizar un concurso de kalimotxos entre peñas, para demostrar que la tuya es la más alegre de todas.

Escribe, comenta, imprime, difunde

Descargo de responsabilidad: La historia aquí contada sale de la imaginación de unos turbios editores. El pueblo aquí descrito solo existe en su turbia mente. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o no.