Los cojonudos, esa delicia gastronómica en forma de un huevo de codorniz con una rodaja de chorizo y una alegría sobre un pedazo de pan. Todo gomellano menor de cicuentaitantos que se precie los habrá tomado a altas horas de la mañana en la peña La Prensa. ¿Puede haber algún almuerzo mejor para asentar el estómago después de todos esos tragos acumulados a lo largo de la noche?

En Gomelia nos hemos enterado de que hay un restaurante en Nueva York que los prepara. Se trata del restaurante Tertulia en el West Village de Manhattan. No lo hemos conocido porque hayamos ido a dejarnos a Nueva York esos duros que no tenemos, sino porque a su chef,  Seamus Mullen, le han dedicado un mini-documental en Muchies. Está en inglés y no tiene subtítulos en castellano, pero sabemos que eso no es ningún inconveniente para hacerse a la idea:

¡Vaya cojonudos más de palo —dirán— con tocineta en lugar de una buena rodaja de chorizo!, pero comprendan la gran dificultad de encontrar chorizo de verdad, de ese que hacen nuestras abuelas, al otro lado del Atlántico. Tampoco tienen mala pinta las tortillas que se curra el colega con torreznos, puerros y setas. Luego el chef se va de pedo con sus colegas y la historia pierde todo interés más allá del de ver a unos pijos neoyorquinos en su salsa.

Pero si han llegado hasta el final se habrán sorprendido al ver la forma en la que prepara las chuletas de cordero. El colega se curra un arroz con hígado de cordero y sirve las chuletas (poco) hechas a la brasa sobre él, probablemente marinadas en algún mejunje de esos que tanto les gusta a los estadounidenses. Suponemos que este chico cuando visitó España no se paseó por la Ribera ni descubrió lo que eran los sarmientos y por eso se inventa estas cosas. Bueno, probablemente en Nueva York tampoco sean muy de ir a sarmentar los viñedos de Connecticut.

En cualquier caso, a estos famélicos redactores les ha entrado el gusanillo y  lo mismo en su próxima visita a la Gran Manzana se dan un homenaje ahí. Estaremos enormemente agradecidos si alguno de nuestros acaudalados lectores tiene a bien realizar todo un acto de filantropía ofreciéndose a pagar la cuenta. A cambio compartiremos nuestro gozo con todos ustedes.