María del Carmen Ugarte nos lleva hoy a la historia de una expresión: Solía que andaba.

Esta expresión, viva en la Ribera, que a los forasteros suele llamar la atención y a los naturales no deja de producirnos perplejidad por el aparente sinsentido, puede oírse todavía en contextos como este:

—Que ya tienes a los niños escagazaos (1).
—Pues, solía que andaba…

O como este:

Pues hace pocos días unos chicos jóvenes dicen: «Antonio ¿por qué no nos cantas algún cantar, que tú sabes muchos». Digo: «Solía que andaba —digo— ya no sé ni cantar siquiera», y entonces pegaba cada grito que para qué, los años se encargan de todo, hay que partir de esa base.

O este otro:

—Bueno, ya iremos a sarmentar.
—Ahora hay máquinas que los arrastran.
—Y ponemos tierra para asar las chuletas…
—Ya iremos poniendo las cabezas así todas juntas.
—Solía que andaba, ahora un gavejón (2) y andando.

Pero ¿qué es lo que significa?, ¿cuál es su origen?

El significado es que se ha pasado el tiempo, normalmente por la edad o por la mera evolución de las cosas, de hacer algo o de suceder algo —antes pasaba pero ahora ya no—, y ya no se tiene la capacidad o el poder de hacerlas.

En cuanto a su origen y evolución la historia es bastante más larga, pues muy probablemente la expresión estaba ya en circulación en la Edad Media, siendo el primer documento escrito del que se tiene noticia, un libro de entre 1534 y 1543 titulado Libro de la vida y costumbres de don Alonso Enríquez de Guzmán, donde puede leerse :

E porque estoy dando quenta a Dios, y no á de ser lo que solía, porque solía que andava, y agora non…

Algunos años después, en 1553, aparece en una forma más completa en una ensalada de Mateo Flecha. Las ensaladas eran composiciones que utilizaban partes de canciones conocidas para crear otras nuevas:

Solía que andaba
el mi molinó;
solía que andaba
y ahora no.

Y aquí nos llama la atención el desplazamiento, propiciado por la rima, del acento en la palabra molinó, que se conservará hasta nuestros días.

Molino del Suso (Concha Arias)

Molino del Suso (Concha Arias)

Gonzalo Correas, uno de los más importantes recopiladores de refranes de nuestros Siglos de Oro, lo recogió en su colección de refranes (1627): Solía que andaba mi molinó, más agora no, pero los numerosos testimonios escritos del siglo XVII nos hablan más de su popularidad como coplilla que como refrán.

Así, Lope de Vega, lo intercaló en uno de los diálogos de su comedia El Aldegüela (1623)

DUQUE: ¿Sois vos
la que en el molino estaba?
Decid.

MARÍA: Solía, que andaba
y agora no.

Volvió a incluirla en otra obra, La mayor corona, donde cambia el segundo verso:

Solía que andaba,
el que ingrato es hoy,
solía que andaba,
y ahora no.

Pero sin duda fue el poeta Francisco de Trillo y Figueroa el que le dio más realce al escribir un largo poema (1652) basado en esos versos que tomó como estribillo. El poema, que reproducimos a continuación, se titula La molinera y en él deja patente la relación de la copla con la actividad molinar.

Solía que andaba,
el mi molinó,
solía que andaba,
y ahora no.

En mi edad primera,
cuando la alegría
en mi florecía
de la primavera,
quiso molinera
hacerme el amor.
Solía que andaba, etc.

Liciones me daba,
y de cuando en cuando
la piedra picando,
a todos picaba,
tanto, que volaba
con la picazón.
Solía que andaba, etc.

Era tan bonico
mi molino, y tal,
que no había caudal
que fuese tan rico;
era chiquitico
y como una flor.
Solía que andaba, etc.

Con cualquier corriente
molía su grano,
trayendo a una mano
al flaco y valiente,
y jamás de gente
vacío se vio.
Solía que andaba, etc.

Hacía una harina
tan blanca y picante,
que en un mismo instante
ciega y encamina;
y era peregrina
hasta en el olor.
Solía que andaba, etc.

Era muy de ver
cuán enharinados
hasta en los salvados
todos querían ser;
todo era moler
con la presunción.
Solía que andaba, etc.

Vino una avenida,
que con el caudal
dio en el hospital,
y quedé perdida
ya lo presumida
en mí se acabó.
Solía que andaba, etc.

Tarde me arrepiento
de no haber molido
el grano escogido
que arrojaba al viento.
El conocimiento
tarde a mí liegó.
Solía que andaba, etc.

Las aechaduras
tomara yo ahora,
que muy burladora
daba a las criaturas.
Estas aventuras
trujo aquel rigor.
Solía que andaba, etc.

En su lozanía
no fíe ninguna,
que apaga la luna
cuanto enciende el día.
Quien del tiempo fía
mire cual estoy.
Solía que andaba, etc.

¡Oh!tomen ejemplo
en mi las mas bellas,
porque mis querellas
alumbreu su templo.
¡Oh! tomen ejemplo
en mi gran dolor.
Solía que andaba, etc.

Después de este poema, la relación de la copla con los molinos y sobre todo con las relaciones amorosas que en ellos solían tener lugar, siempre según una tradición que ha llegado hasta nuestros días, quedó definitivamente establecida. Tampoco falta quien relacione esta copla con un refrán medieval, Molinillo, casado te veas, que así rabeas, resumen de un cuentecillo que aparece en el Libro de buen amor, en el que un mozo fogoso al contraer matrimonio ve mermadas sus fuerzas por todo lo que conlleva la atención matrimonial; y así, cuando trata de parar las aspas de un molino, como solía hacer antaño, se encuentra sin fuerzas para hacerlo exclamando con rabia: Molinillo, casado te veas.

El poema de Trillo y Figueroa volvió a ponerse de moda a finales del XIX y principios del XX, cuando Amadeo Vives le puso música. En paralelo el estribillo había seguido su vida introduciéndose en el mundo de la infancia como acompañamiento de juegos con las manos:

Solía que andaba,
el mi molinó,
mas ahora no.

Molino del Suso (Concha Arias)

Molino del Suso. (Concha Arias)

Como refrán parece haber seguido un camino paralelo. En el siglo XX, el sevillano Rodríguez Marín registró dos variantes en su primera colección de refranes (1926): Solía que andaba el mi molinó, mas agora no y Solía que andaba el dingandón, y agora non, pero de ninguna de estas formas encontramos testimonios de uso que certifiquen que los refranes venían utilizándose con normalidad en su forma completa.

La pérdida de la mayor parte de su formulación, quedando reducida al primer verso en la forma que la conocemos y utilizamos hoy en la Ribera, Solía que andaba, pudo producirse en época temprana, influenciada, muy probablemente por la anomalía fonética de molinó. Lo cierto es que a finales del siglo XVIII ya encontramos una advertencia sobre el acortamiento de ciertas expresiones en un curioso libro acerca de la forma de hablar de ciertos personajes, los currutacos, que hoy serían nuestros pijos, entre las que se encuentra nuestra expresión:

Rito IV. Estas medias expresiones, bien, vaya, adelante, así lo contaba mi abuela, usted lo ha dicho, no tengo asunto, cada loco con su tema, pase, solía que andaba, etcétera, servirán de muletillas cuando se metan en conversaciones que no entiendan, y encuentren oposición (Currutacos, currutaseos, ciencia currutaca, o ceremonial de currutacos, sátira inocente. Su autor F.J.A.M., pág. 51).

Del siglo XVIII al XXI, donde en la Ribera sigue viva la expresión y no en boca de currutacos, sino de la gente de edad e incluso también en las de las generaciones más jóvenes.

 Referencias

José María AlÍN y Begoña BARRIO-ALONSO. Cancionero teatral de Lope de Vega. Tamesis, 1997.

Luis MARTÍNEZ KLEISER. Refranero general ideológico español. Madrid: Librería Editorial Hernando.  1953

Notas:

(1) Escagazar: criar a los niños, sacarlos adelante.

(2) Gavejón: conjunto de palos o espigas, amontonados y atados, para facilitar su transporte.

Texto: María del Carmen Ugarte

Fotografías: Concha Arias.