Publicamos hoy una poesía humorística dedicada a uno de esos personajes pintorescos que poblaron en otro tiempo la comarca, el tio Alubia. Sin embargo, su filosofía no era mala: hay que guardar algo, sea de lo que sea, para el día siguiente.

EL TIO ALUBIA

almuerzos y jarro de vino

Almuerzos y jarro de vino

 

Vivía en Gumiel de Izán,
ciertamente acomodado,
un señor un tanto inquieto,
y como Alubia apodado.

Su afición era marchar,
a los pueblos a vender
mercería y baratijas,
si no había qué hacer.

Llevaba la mercancía,
sobre una burra pequeña,
con más trapos y más cuerdas
que el nido de la cigüeña.

Cuando alguien le preguntaba
qué camino iba a tomar,
—A Tubilla, voy  —decía—,
que quiero bien almorzar.

Aunque el vino de Gumiel
era de buena garnacha,
le sabía a él mejor
el vino del Remolacha.

Al pueblo entraba gritando.
«¡Es una barbaridad,
las pesetas a dos reales!
¡Ay, ay qué barbaridad!».

Después de haber ya sacado
para pagar el almuerzo,
ir a donde el Remolacha
era su último esfuerzo.

Si la gente iba a comprar,
muy serio le respondía:
«Hoy no quiero vender más,
mañana será otro día.»

Dándose la media vuelta,
solía así razonar:
«Si lo vendo todo hoy,
mañana… sin almorzar».