Poema al álamo de Valgordo por Delfín Cerezo

álamo de Valgordo
Alejado del río,
Junto a un viñedo,
Cada mañana
Un hercúleo álamo bosteza.
Lo plantó allí un abuelo
Con la fe en el recuerdo,
Cuando él dijera su adiós.
Más de cien círculos
Cubre hoy su corteza,
Émula del roble
Y del brazo del labriego.
Nadie en ella esculpió
Con afilada navaja
Una flecha y un corazón.
Nada sabe de amoríos,
Sí de trabajo,
De hombres encorvados
Del invierno hasta el estío.
Cuando la suave brisa,
Del pueblo, le trae una canción,
El álamo emocionado,
A un joven enebro le cuenta,
Con melancólico susurro,
Lo que la vida le enseñó.
Le explica lo que es
Un carro, un cesto, un garillo,
Un mulo, un borrico,
Una bota de vino, un lagarejo,
Contraluz de ValgordoUn botijo…
Y el enebro se queda
Atónito y perplejo.
Le habla, con voz entrecortada,
De las jotas
Salidas de gargantas agachadas,
Cuyas notas,
Mitad subían al cielo
Y las otras,
En sudor empapadas,
Al viñedo,
Con ternura, lo regaban.
Cada noche,
Como si nada hubiera ocurrido,
Envuelto en un velo plateado,
El viejo álamo se queda
Plácidamente dormido.

(Delfín Cerezo)