Desde Gomelia seguimos con la divulgación de las obras de arte que poseemos en el pueblo, en este caso se trata del Cristo de la Salud, talla barroca. Texto de Pedro Ontoria y fotografía de Pablo Las Hayas.

Imagen del Cristo de la Salud descrita en el texto

Cristo de la Salud. Museo Gomellano (Foto de Pedro Pablo Las Hayas)

El Cristo de la Salud, de sereno rostro que infunde amor, y al que se le profesa reciente devoción, se custodia en el Museo Gomellano. Se trata de una obra de principios del siglo XVII, encuadrada en el estilo renacimiento-barroco, de la que, por sus características, se piensa que su ignorado autor podría haber sido un seguidor del conocido escultor castellano Berruguete (1).

La imagen, realizada en madera policromada, representa a Cristo crucificado, de modo que lo observamos con la cabeza desplomada e inclinada sobre el hombro derecho, al tiempo que por este se desliza un mechón del cabello, en tanto en que la melena se percibe por el hombro opuesto, sin obviar que en los extendidos brazos se aprecia la musculatura de los mismos.

En el pecho se hacen visibles las costillas, habiéndose resuelto el paño de pureza con tenues pliegues y anudado a ambos lados de la cadera con voluminosas lazadas de las que penden abultados cabos. Las heridas se advierten más en los muslos y las rodillas.

Al pie de la cruz aparece un cráneo encima de puntiagudas piedras lígneas en alusión al monte Calvario o Gólgota, pedregoso lugar en que se crucificó a Jesucristo (Mt. 27, 33; Mc 15, 22; Lc 23, 33; Jn 19,17), por el contrario, la parte superior se remata con la inscripción latina INRI.

El Gólgota o Calvario antiguamente era una colina situada, junto a un cementerio y un huerto (Jn. 19, 41), a las afueras de la ciudad de Jerusalén, aunque muy cerca de ella. En la actualidad se encuentra en el centro de la urbe, al norte del monte Sión.

Los evangelistas coinciden en que el monte Calvario se llamaba en arameo Gólgota, debido a que su forma y aridez recordaban a un cráneo. Orígenes afirmó que se denominó así, porque según la tradición, estaba enterrada allí la calavera de Adán, que de acuerdo con la leyenda habría sido sepultado en el Gólgota, en el mismo enclave donde se erigió la cruz de Jesús. El cráneo de Adán afloró a la superficie a causa de que en el instante en que Cristo expiró «la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron» (Mt. 27, 52). A pesar de que el evangelista no menciona al primer hombre, su inclusión es una invención de los teólogos para establecer una relación entre el pecado original y la muerte redentora de Cristo, lo que originó la narración que cuenta que cuando el primer ser humano fue enterrado cayó en su boca una semilla del árbol de la Ciencia, del cual se hicieron los maderos de la cruz, que fue clavada en idéntico emplazamiento en el que había sido inhumado. De esta suerte, los tratadistas podían equiparar al primero de los hombres, responsable de la perdición y del pecado, con el segundo Adán que es Cristo, Salvador de toda la humanidad. En definitiva, es en el fondo un símbolo del triunfo de la Cruz sobre el pecado y la muerte, y una clara alusión a la Resurrección de Cristo.

El cráneo y las tibias al pie de la cruz de Cristo recuerdan que el Todopoderoso ha vencido a la muerte, convirtiendo los despojos de esta en trofeos de la Redención. La muerte, universalmente representada por una calavera, y los citados huesos (piénsese en el signo universal que se coloca en los contenedores de veneno) es herencia de Adán, pero el Redentor vence sobre el pecado y rescata a la prole de Adán de la muerte, redimiéndonos al ser inmolado en la cruz.

La calavera, que suele verse en la parte inferior de la cruz en muchas pinturas de la Edad Media y del Renacimiento, incluso durante el Barroco, alude no sólo al Gólgota, lugar de la misma, sino al propio Adán, de tal forma que puede sustituirse por la imagen de éste saliendo de su tumba, como sucede en el crucifijo románico de marfil de Fernando I y doña Sancha (Museo Arqueológico Nacional, Madrid). Este detalle iconográfico se hizo habitual en las cruces de orfebrería del periodo gótico, apareciendo esta representación por primera vez en el siglo IX.

En varios crucifijos de la iglesia de Gumiel se observa el cráneo y las tibias (calvario del retablo mayor, retablo de la capilla de San Miguel), pero los gomellanos guardan con esmero una cruz procesional esmaltada, de cobre grabado y dorado, y con los extremos flordelisados, en la que aparece la figura de Adán surgiendo del sepulcro. En el anverso los grabados representan motivos geométricos y florales, en tanto que en el reverso se encuentran estos mismos motivos más una representación del Tetramorfos, situado en los cuatro extremos de la cruz. También en el anverso están ejecutados en figuras de bulto redondo la Virgen y San Juan, faltando el Cristo del que tiene silueta línea incisiva; de la misma manera están realizados el ángel, portador de un incensario, y el propio Adán asomando de una nube el primero y de la tumba el segundo, y ambos colocados en el extremo superior e inferior de la cruz, respectivamente (2).

Volviendo al Cristo de la Salud, su cruz está superpuesta en otra más amplia, de color rojizo y con el borde dorado, a modo de pequeño retablo, sin obviar que la talla no está exenta de rasguños, por lo que requiere una limpieza y restauración, trabajos en los que se deberá respetar su policromía original.

Por otra parte, en la mencionada localidad burgalesa de Gumiel de Izán la Cofradía de La Cruz o de la Santa Vera Cruz, que data de 1781, ha tenido el acierto de sacar, desde hace unos años, el paso del Cristo de la Salud en la procesión vespertina del Viernes Santo, que, como ya hemos apuntado, presenta una iconografía un tanto extraña por la calavera en la base de la cruz, que resulta poco común en las representaciones del Crucificado en el mundo moderno, quizás por ser recordatorio de algo que provoca tanto miedo y disgusto al hombre: la muerte. En Gumiel se conserva una cruz- relicario de plata denominado de la Vera Cruz, en cuyo círculo, entre los brazos, se lee la inscripción Redemptorum gloria, que es una de sus reliquias (3).

El Cristo muerto en la cruz, imagen central del arte cristiano, varía de una etapa a otra, reflejando el pensamiento y el sentimiento de la época en que se realiza y expresando el hecho cristiano por medio de símbolos y alegorías, como sucede en el arte medieval y en el período de la Contrarreforma, o reproduciendo la figura solitaria de Jesús en la Cruz. El Cristo de la Salud de Gumiel acompañado del simbólico cráneo nos hace meditar en la acción redentora y salvadora de Cristo, es decir, en Cristo de la Salud o Cristo Salvador.

En cuanto a su procedencia, es posible que haya sido traído, junto con restos de reliquias y otros enseres, a la iglesia parroquial desde algún altar del desaparecido monasterio de San Pedro de Gumiel (4), si bien podemos pensar que fuese propiedad de los poseedores del nicho-sepulcro en lo que colocaron desde un principio.

En la actualidad se halla en la capilla de la Purísima, a la que podemos denominar sala primera del Museo Gomellano. Anteriormente estuvo colocado hacia la mitad de la nave de la epístola en el nicho-sepulcro que muestra forma de arco con calados góticos, propiedad que fuera de los Zamarras, sirviéndole de peana, y en donde está ahora está ubicada una hermosa Inmaculada del siglo XVII. Luego, fue trasladado a la capilla de la Purísima, siendo párroco don Nicéforo Olalla, al erigirse el altar de la Virgen de Fátima hoy en día inexistente, no obstante, la imagen de esta advocación mariana se conserva en la ermita de San Roque.

Referente a los Zamarras, se sabe que eran poseedores del nicho-sepulcro por el vínculo de mayorazgo que en el templo había fundado, en el año 1695, el licenciado Juan Gómez Zamarrón, presbítero y vecino de Gumiel de Izán. Para concluir, manifestamos que sus protocolos notariales (1663-1696) se guardan en el Archivo Municipal de la villa gomellana.

NOTAS

(1) ONTORIA OQUILLAS, Pedro: «Notas histórico-artísticas del Museo de Gumiel de Izán en Boletín de la Institución Fernán González n.º 199 (Burgos 1982/2) pág. 286.

(2) ONTORIA OQUILLAS, Pedro: «Notas histórico-artísticas del Museo de Gumiel de Izán» en Boletín de la Institución Fernán González n.º 199 (Burgos 1982/2) pág. 293-294; ÍDEM: Moenia Sacra Gumielensis. Imprenta Esteban, Aranda de Duero 1990 pág. 28-29.

(3) ONTORIA OQUILLAS, Pedro: «Huellas memorables del Monasterio de San Pedro de Gumiel de Izán» en Cantos de nostalgia acariciada. Biblioteca Estudio e Investigación n.º 29-39 (Aranda de Duero 2014-2015) pág. 137.

(4)ONTORIA OQUILLAS, Pedro: «Huellas memorables del Monasterio de San Pedro de Gumiel de Izán» en Cantos de nostalgia acariciada. Biblioteca Estudio e Investigación n.º 29-39 (Aranda de Duero 2014-2015) pág. 134.