Viene de Barrio de San Juan (I)

El día de San Juan, la fiesta grande

Por lo que llevamos visto hasta ahora, a pesar de lo disperso del barrio no faltaba la juventud en él, por lo que en llegando el tiempo bueno se formaban fiestas espontáneas, que empezaban ya con al cruz de mayo que se ponía arriba en la carretera, junto a la casa de Miguel y Josefa, la Guindilla.

La fiesta grande del barrio era lógicamente la fiesta de San Juan, el 24 de junio, en la que se hacía baile en las eras, que entonces estaban libres de mies y se bajaba desde el pueblo a vender confites y gaseosas. Se dice que para la fiesta de San Juan, las labradoras antiguas y ricas solían sacar sus manteos rojos, esas faldas adornadas con tiranas negras y doradas que vemos lucir ahora por las chicas de El Puerro.

Para que las eras estuvieran más limpias, los días anteriores se amarraban los machos en ellas para que se fueran comiendo la hierba.

 

Caño de San Juan y casa de la Morenilla

Caño de San Juan y casa de la Morenilla

La alegría de los chicos del barrio, pero sobre todo de las chicas, que jugaban alegremente en las eras en las noches de verano se materializó en unos versos cantados que hemos podido recuperar en su mayor parte:

CANCIÓN A MODO DE VERSO A LAS CHICAS DE SAN JUAN

En el barrio San Juan han puesto cruz,
pa que diga la gente que hay juventud.
¡Qué juventud tan buena y resalada,
la sobrina de Gari y la Zurraila!
Si salen las Alubias y las de Mela,
si salen las Petitas, todo lo amuelan.
Y si es que sale el cabo con pandereta,
le dice a la Juana «vamos de juerga».
Venimos el jueves de los Barreros,
nos llaman la atención pa que bailemos.
Tenía la Pelala un disco en la mano,
que le quitó la Celia y le hizo pedazos.
La Celia, que pasaba, no la hizo caso,
creía que estaba jugando con los muchachos.
Y estos cuatro versos los han sacado
el grupo de Venancio y el de Mariano.
Ya viene el de Toribio y el de Modesto,
que estaban en la iglesia sacando versos.

Barrio unido y alegre que suele aprovechar cualquier oportunidad, reina de las fiestas, boda o que hace buen tiempo y ya se puede salir al poyo, para participar todos de la alegría.

El caño

El barrio de San Juan presume todavía de su vetusto caño del pilón, cuya fecha de construcción puede leerse en la fachada original sobre el corral del Foronda: AÑO 1851. Sus aguas procedían de un manantial que salía justo en medio de la calle Pasaderos, a la altura de la casa de Natalia, y con ellas han saciado la sed centenares de machos, burros y miles de ovejas que transitaban por un camino que se empleaba para la trashumancia y que todavía se puede apreciar entre la casa de Natalia y el corral de Foronda.

El agua del caño sirve para todo, especialmente para el riego, y si no que se lo digan a Felisa que todavía acarrea sus buenos calderos para regar los geranios.

Caño de San Juan (2015)

Caño de San Juan (2015)

Ya hemos dicho que la bajada al pilón para dar agua a los machos, constituía un buen pretexto para visitar el barrio y sus gentes. Delante de la explanada los machos se revolcaban en la tierra, poniendo de mala uva a las vecinas por el polvo que levantaban, ya que manchaban la ropa puesta a secar. Las numerosas ovejas dejaban también sus regalos.

El Capiro tenía dos machos, el Caete y el Tordillo, nombre que solía darse a los machos tordos, es decir a los de pelo blanco entremezclado con algo de negro. Los machos de pelo negro solían llevar el nombre de Moro, y también abundaban los Cordobés, que solían tener el pelo rojizo. Las voces de los mozos dirigiendo al ganado hacia un lado u otro se mezclaban con el bullicio de la calle. No siempre se ponía nombre a los burros, y muchos de ellos se quedaban en simplemente burro, pero este barrio tuvo una burra que alcanzó una cierta fama por ser tan fértil, que llegó a parir de a dos. Era Platera, propiedad de Eusebio y Máxima, dedicada a la cría de ganado mular. Como se recordó al hablar de los antiguos corrales de Gumiel, en los días no laborables Felipe Andrés e Ignacio, Cantajotas, recogían el ganado para llevarlo a pastar al campo durante todo el día.

Del caño manaba agua que se tomaba para el consumo humano mediante una caña que se ponía desde el grifo al borde del pilón y que la Morenilla guardaba en su portal. Dicen los viejos que ese pilón nunca se heló a pesar de las bajas temperaturas que hacía por entonces. Aunque el agua era buena para el consumo humano, resultaba dura para cocer las legumbres, por lo que los vecinos acudían a por agua al río para cocinar. En la actualidad el agua que sale por el grifo es de la red de aguas del pueblo, ya que cuando arreglaron la calle secaron el manantial.

Con el agua del pilón se regaba algún huerto y se utilizaba también para otras labores como lavar o remojar los cestos de la vendimia.

El caño y cestos esperando la vendimia (2009)

Explanada del caño y cestos esperando la vendimia (2009)

El caño y su entorno sigue siendo lugar favorito para los fotógrafos de Gumiel, que buscan en sus reflejos motivos de inspiración.

 

Este artículo ha sido posible gracias a la memoria y colaboración de las siguientes personas, citadas en orden alfabético: Concha Arias, Joseba Blanco, Valentina Briongos, Paquita González, Armando Marín, Isidro y Pedro Miguel, Dolores Olmedo, Pedro Ontoria, Felisa Oquillas, Natalia del Sastre y María del Carmen Ugarte.