Borracho con corbata de lazo

Se presenta a una plaza de sumiller de un importante complejo hotelero un mendigo. Los que van a examinar su candidatura se quedan atónitos al ver aparecer un hombre desaseado, con claros signos de vivir en la calle, con barba descuidada, ojos legañosos y apestando ligeramente a alcohol barato.

Comienza el examen y le proponen la primera muestra. El mendigo coge la copa, no por el fuste sino por la parte ancha, sin mirarlo siquiera, ni tampoco olerlo, se echa un trago y dice:

Vino del año, hecho con garnacha procedente de viña joven, menos de cinco años de plantación, terrenos muy soleados y secos, exceso de taninos y áspero en el retrogusto, pero pasable como vino de mesa para paladares poco exigentes.

Los examinadores se miran sorprendidos y cuchichean algo. Siguen con la segunda muestra.

Crianza del 2010, viña de más de diez años en bancal orientado al oeste: 70% de merlot y 30% de tempranillo, criado en roble francés, excelente en taninos, potente en boca, aromas de frutos secos y ligero recuerdo a regaliz. Recomiendo 6 meses más en botella para que adquiera todo su potencial.

–¡Este cabrón, cómo controla! –dice divertido por lo bajini algún miembro del tribunal.

Va la tercera muestra y el hombre se lanza.

–Reserva. 100% cabernet procedente de viñas viejas situadas en terrenos altos orientados al sur, cultivo en vaso. Crianza en roble americano, quizá en exceso. Esencias de frutos del bosque y fuerte aroma a silla de montar nueva con toque a lima. Excelente para platos de caza. Recomiendo su consumo inmediato.

Cuchichean entre ellos los examinadores, miran al mendigo y tras intercambiar algunos comentarios más, sale uno de ellos y vuelve al cabo de un ratito, llevando en una frasca una muestra de vino blanco.

–Finalmente –dicen los examinadores– la última de las pruebas. Va usted muy bien.

Coge el mendigo la copa que le ofrecen lo prueba y dice:

–Rubia, 28 años, octava semana de embarazo, y si no me dan el puesto les digo quién es el padre.