Capitel de los guerreros

Pedro Ontoria nos acerca en detalle a otro de los capiteles románicos: el Capitel de los guerreros.

El capitel n.º 3 o Capitel de los guerreros

Capitel n.º 3 (1977)

En el archivo de la parroquia de Gumiel de Izán existe un sencillo catálogo de los capiteles conservados en la capilla de la Virgen del Rosario que registra con el n.º 3 el denominado Capitel de los guerreros.

José Pérez Carmona fue el primero que divulgó el capitel en una lámina, apilado con otros capiteles —números 1, 2 y 9 y que se hallaban un tanto amontonados y desordenados en la antigua sacristía o capilla de la Purísima— en Arquitectura y escultura en la provincia de Burgos (Imprenta Santiago Rodríguez, Burgos 1959).

Fotografía en B/N de los tres capiteles apilados

Pérez Carmona 1959

En nuestro artículo de 1982 «Notas histórico-artísticas del museo de Gumiel de Izán» elaboramos una incipiente catalogación o un escueto elenco de los capiteles conservados en la capilla del Rosario. Del capitel n.º 3 escribía que no sabemos a qué escuela y estilo atribuir. Es un grupo de ocho cabezas dispuestas de una manera extraña; parecen representar soldados que conducen prisioneros. Es basto, pero la distribución de las figuras causa un curioso efecto.

Capitel de los guerreros y Capitel del gatospa

Capitel de los guerreros y Capitel del gato (P, Las Hayas, 2014)

Con posterioridad aparece el capitel en algunas obras del románico como Enciclopedia del Románico en Castilla y León o la entrada dedicada a Gumiel de Izán en Arteguías, a las que podríamos añadir algunos comentarios espontáneos en foros de Internet de amigos del románico.

En el interesante lapidario a base de restos de columnas y capiteles, algunos de ellos pertenecientes al Monasterio de San Pedro, lo primero que se aprecia es que son de diferente tamaño. Además los hay dobles (pertenecientes a un claustro o una galería porticada) y otros
sencillos, más difíciles de ubicar. Están custodiados tras una fuerte reja de madera de estilo barroco.

Reja barroca de madera

Reja de la capilla del Rosario. Foto agosto de 1977. (P. Ontoria).

En el trabajo recogemos los diversos datos, referencias y consideraciones del capitel de los Guerreros que está colocado en la parte del muro izquierdo  de la capilla del Rosario al lado del capitel n.º 6, Las garras del felino.

Para su mejor apreciación, reproducimos en este trabajo algunas de las escasas ilustraciones de este capitel.

Descripción del capitel de los Guerreros

Detalle del capitel en el que se ven todas las cabezas

Primer plano del Capitel de los guerreros

Capitel sencillo y un tanto tosco que no sabemos a qué escuela y estilo atribuir. Sus dimensiones son 26 x 26 x 38 cms. No es silense y las ocho máscaras, dos de ellas tocadas con turbantes, parece representar a soldados conduciendo prisioneros. Más allá de su rusticidad, sí revela cierta vetustez, no siendo desaforado plantear una cronología de inicios del siglo XIII.

Se halla concebido con una rotunda valoración geométrica y anima dos de sus caras con bustos humanos que, al menos en algunos casos, representan a soldados. Colocados en doble hilera, forman grupos de cuatro y tres cabezas, que se disponen en posición convergente hacia uno de los ángulos del capitel donde se halla un tronco animal del que surgen dos cabezas
humanas —una de ellas actualmente desaparecida—. Los rostros, aunque de volumen destacado, tienen un carácter impersonal y, si bien se establecen entre ellos ciertas variantes de tamaño e inclinación, poseen un marcado distanciamiento objetual que les reviste de un carácter emblemático.

Posible origen del capitel de los Guerreros

En esta escultura, que nada tiene que ver con ninguna obra que haya sido etiquetada como «arte de Cruzada»  (véase, por ejemplo, J. Folda; Gómez, M. D.), destacan las ocho cabezas labradas con un relieve de bulto en el centro. Algunas muestran sombreros con visera mientras que otras se cubren con yelmos más elaborados, que incluyen una protección por debajo de la barbilla.

Esta composición difiere de las representaciones de caballeros victoriosos, mucho más difundidas (Vide Ruiz Maldonado). En su sencillez, que parece más propia del arte del siglo XX, el conjunto sugiere la idea de una cierta hermandad entre los retratados, probablemente fallecidos.

La batalla de Alarcos

La temática de la imagen guerrera del capitel nos induce a pensar que probablemente proceda de alguna de las estancias (sala capitular, iglesia, portadas, ventanas…) del monasterio de San Pedro de Gumiel de Izán, siendo una especie de memorial de guerra al relacionarlo con Alfonso VIII, monarca que si bien sufrió un doloroso revés en Alarcos (1195), acabaría
finalmente recuperando su crédito como líder militar con la victoria de Las Navas de Tolosa (1212), que le granjearía una fama sin parangón en la época. Por su parte, la Orden de Calatrava había sufrido importantes pérdidas en la fallida campaña de Alarcos, y el recuerdo de los
mártires caídos en batalla aquella jornada perseguiría durante años a Alfonso VIII.

Alarcos (Ciudad Real) castillo (RPS 25-08-2012)

Castillo de Alarcos (Wikimedia Commons)

¿Hubo algún tipo de memorial para la multitud de caídos en la batalla, al que pudiera tener acceso cualquiera con independencia de su condición? Una de las respuestas nos conduce a las Órdenes Militares. Sin duda, la contribución de los soldados individuales no dejó de ser tenida en cuenta, y el propio Jiménez de Rada así lo reconoce después de la victoria de Las Navas, al poner en su boca una advertencia destinada al monarca:

Toletanus pontifex hec uerba dixit nobili regi:…. Estote etiam memor uestrorum militum, quorum auxilio ad tantam gloriam peruenistis (trad.: Acordaos de vuestros hombres, sin cuya ayuda no habríais alcanzado tan gran victoria) (De rebus Hispaniae 8.10.49).

Rose Walker nos dirá que son estos soldados los que aparecerían labrados en un capitel de San Pedro de Gumiel de Izán (Burgos).

Diego Velázquez y la Orden de Calatrava

San Pedro de Gumiel era el monasterio donde Diego Velázquez —uno de los primeros miembros de la Orden de Calatrava— se refugió tras la derrota de Alarcos, y allí sería enterrado en 1196. Jiménez de Rada lo recuerda en su crónica con respeto y puede que con afecto:

Didacus Velasqui postea diu vixit, quem etiam memini me vidisse, et obit in Monasterio Sancti Petri de Gumiello, et ibi sepultus est, requiescat in pace (Ibid., 7.14).

Su cuerpo sería objeto de culto varios años después. San Pedro de Gumiel se convertiría también en un lugar de conmemoración para la Orden de Calatrava en los años que siguieron a la batalla de Alarcos (Ontoria Oquillas, 2014-2015). No sería éste el único lugar de memoria para la Orden, puesto que habría que añadir también los de Zorita de los Canes en Guadalajara y Alcañiz. Del mismo modo que los cuerpos de los freires descansaban desmembrados, la memoria de los calatravos caídos se dispersaba.

Durante años, el campo de Alarcos debió de ser el único sepulcro que acogiese a los miles de soldados anónimos que allí habían encontrado la muerte, a pesar de que textos posteriores señalen que se había erigido una capilla para honrarlos, Nuestra Señora de los Mártires (Zapata Alarcón).

DSC02222 - Ciudad Real - Santuario de Nuestra Señora de Alarcos

Santuario de Nuestra Señora de Alarcos (Wikimedia Commons)

Bibliografía

  • Enciclopedia del románico en Castilla Y León. Fundación Santa
    María la Real. Centro de Estudios del Románico. Aguilar de Campoo, 2002, Burgos, vol. IV, pp. 2770-2773.
  • FOLDA, J.: Crusader Art: the art of the Crusaders in the Holy Land, 1099-1291, Aldershot, 2008.
  • GÓMEZ, M. D.: «The Crusades and church art in the era of Las Navas de Tolosa», Anuario de historia de la Iglesia, 20 (2011) 237-60.
  • ONTORIA OQUILLAS, Pedro: «Notas histórico-artísticas del museo de Gumiel de Izán», Boletín de la Institución Fernán González n.º. 199 (Burgos 1982) pp. 282-284.
  • ONTORIA OQUILLAS, Pedro: «Huellas memorables del Monasterio de San Pedro de Gumiel» en Cantos de nostalgia acariciada. Biblioteca. Estudio e Investigación. n.º 29-30 (Aranda de Duero 2014-2015) pp. 147-157.
  • PÉREZ CARMONA, José: Arquitectura y escultura en la provincia de Burgos. Imprenta Santiago Rodríguez, Burgos 1959 lámina 113.
  • RODRIGO JÍMENEZ DE RADA: Historia de rebus Hispanie sive Historia Gothica.
  • FERNÁNDEZ VALVERDE, J. (ed.): Corpus Christianorum. Continuatio Mediaevalis 72, Turnhout, 1987.
  • RUIZ MALDONADO, M.: «El «caballero victorioso» en la escultura románica española. Algunas consideraciones y nuevos ejemplos», Boletín Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 1979, 271-286.
  • WALKER, Rose: «Memoriales de guerra. Recuerdo y olvido más allá de Las Huelgas», Quintana. Revista de Estudos do Departamento e Historia da Arte. n.º 11 (Universidade de Santiago de Compostela 2012) pp. 13-27.
  • ZAPATA ALARCÓN, J.: «El culto a los mártires: Visión y símbolo del medievo a la contrarreforma. La construcción del relicario del Sacro Convento de Calatrava la Nueva» en Actas del Congreso Internacional Conmemorativo del VII Centenario de la Batalla de Alarcos, IZQUIERDO BENITO, R. y RUÍZ GÓMEZ, F. (eds.), Ciudad Real, 1996, 615-23.
Imagen en B/N

Capitel de San Pedro de Gumiel de Izán, Burgos (John Batten Photography en Walker, Rose)

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Pedro Ontoria Oquillas

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Montserrat Soto, Gumiel de Izán se congratula contigo

Montserrat Soto Pérez es hija de gomellanos y artista plástica, y desde hace algunos años reside en Gumiel de Izán. En el 2019 ha recibido tres premios importantes, entre ellos el Nacional de Fotografía, y por esa razón, y por querer conocer mejor a nuestra paisana y su obra, Gomelia le ha preparado unas preguntas que ella ha tenido la amabilidad de contestar. 

Ante todo nuestra más sincera enhorabuena por tus éxitos

 

Montse sentada en un sillón en una esquina del salón de su casa. En el fondo una chimenea con una pizarra encima llena de anotaciones, como en un plan de trabajo. En primer plano una mesa cúbica con diversos objetosaAl fronte e o r -fot

Retrato

Los primeros pasos de Montserrat Soto

Gomelia.— Tus padres, gomellanos los dos —Fernando Soto y Máxima Pérez— emigraron a Barcelona en los años cincuenta, y tú naciste allí, en Barcelona, a principios de los sesenta. ¿Qué nos puedes contar de tu niñez allí? ¿Teníais mucha relación con otros gomellanos?

Montserrat Soto.— Mi niñez fue normal, no recuerdo nada especial, salvo que me encantaba estar en la calle. Mis padres trabajaron duramente para poder salir adelante, como todos los que emigraron en esos duros años y que provocaron un gran descenso en la población de Gumiel.

A Barcelona también emigró toda la familia directa de mi padre. Creo que todos los gomellanos se conocían. En los entierros aparecíamos todos.

G.— ¿Veníais a Gumiel con cierta frecuencia? ¿Qué recuerdas de aquel Gumiel de los años sesenta? ¿Qué recuerdas de la fonda de tu abuela Nicerata?

M. S.— Sí, veníamos a Gumiel cada año en verano. Recuerdo a la gente mayor jugando a cartas a las puertas de las casas y recuerdo que desde lejos ya oía la frase: «¿Y esta de quién es? Esta es Jurilla…, el que se casó con la de la fonda». Así que desde niña ya sabía que era Jurilla, Mediera y Baratera.

Recuerdo cuando vaciamos la casa de mi abuelo Pedro y mi abuela Rosaura, que estaba enfrente del Bar Aritos.

Mi abuela Nicerata era muy importante para mí. Era una mujer fuerte y con mucho carisma. Tengo muy buenos recuerdos de la Fonda San Miguel, era muy diferente a las casas que conocía y siempre me sorprendió. Las dos grandes cocinas que tenía, el desván, una cuadra inmensa. Me apenó mucho cuando desapareció.

Recuerdo también que íbamos al río a bañarnos.

Recuerdo a mis tíos y su restaurante Los Hermanos. Pasaba muchas horas allí con ellos y con mi prima Mayte.

G.— Volvamos a Barcelona, ¿fuiste de vocación temprana?

M. S.— No. Nunca pensé que el arte era una vocación. Hasta el quinto curso de Massana no lo había ni considerado. Solo quería trabajarme un poco la intuición y la libertad de la creatividad para crecer personalmente.

G.— ¿Qué significado tiene para ti la Escuela Massana, que acabas de mencionar? ¿Cómo fue tu paso por ella? ¿Qué otros estudios hiciste y dónde?

M. S.— En la escuela Massana empecé a estudiar pintura, pero por el camino me centré más en la imagen. Empezaron a aparecer estudios de vídeo, de fotografía, en ese momento se llamaban Procedimientos Contemporáneos de la Imagen, que eran una novedad y lograron atraparme. Me gustaba la idea de equipo, de trabajar con otra gente y la verdad es que del grupo de amigos muchos siguen todavía trabajando en el medio, y esto es muy importante, porque quiere decir que nos fuimos empujando unos a otros.

Cuando acabé Massana me fui a Grenoble, Francia, y convalidé los estudios de Massana en París y estudié en la École de Beaux Arts en Grenoble. Era una forma diferente de enseñar. Los grandes artistas que habían estado en los grandes encuentros internacionales daban clases allí por temporadas. No había talleres, pero había una biblioteca increíble y contemporánea (en ese momento internet estaba en sus inicios mas básicos). Escritores, científicos, astrónomos, etc. de primer orden daban cursos y conferencias. Fue todo un gran aprendizaje que nunca olvidaré, lo mismo que las conferencias que se impartían y que me hicieron sentir que estaba en el centro de la vanguardia de los nuevos pensamientos.

Cuando acabé con mi Diplôme National Supérieur d’Expression Plastique, me dieron una beca, para ir a Nueva York, de la Generalitat de Cataluña y me fui allí durante un año. Posteriormente logré la beca del PS1 (un centro contemporáneo importante que depende del MoMA) y me quedé más tiempo.

G.— ¿Cómo te decidiste por los grandes formatos e instalaciones?

M. S.— Recuerdo que mi último trabajo de fin de estudios en Massana ya era de grandes formatos. Me interesaba que el espectador fuera envuelto por las propuestas y la idea de trompe-l’oeil o trampantojo resolvía esa necesidad.

colección de espejos que se reflejan entre ellos

Sin nombre

 

Construcción de la memoria oral de Montserrat Soto

G.— En 2003 realizaste la videoinstalación Secretos. Memoria oral , en el que con tu madre como protagonista rindes homenaje a tu abuelo Pablo Pérez, fusilado durante los primeros días de la Guerra Civil, y recuperado su cuerpo de la fosa común de Villamayor de los Montes, ya en el siglo XXI. ¿Cómo viviste esa experiencia?

M. S.— Fue una experiencia increíble. Había leído que la Asociación de la Memoria Histórica estaba contabilizando los muertos de la Guerra Civil, y como mi abuelo fue asesinado en los primeros meses de la contienda, pues como sabéis esta era zona de levantamiento, quise mandar la información para que lo contabilizaran. Mi sorpresa fue cuando meses después me llamaron y me dijeron que lo habían encontrado. Me quedé sin palabras, no entendía qué me decían pues apenas había dado datos.

La historia era que cuando mi abuelo salió «en libertad» (como decía su expediente) de la cárcel de Burgos, el 24 de septiembre de 1936, le «soltaron» con más gente, y todos ellos fueron fusilados en el mismo lugar de la carretera nacional a la altura de Villamayor de los Montes. Por cierto, creo recordar que había unos 11 o 12 personas de Gumiel en la misma fosa.

Por lo visto, cuando los estaban enterrando había alguien que reconoció a uno de ellos y muchos años más tarde, cuando este había muerto le había dado el encargo a su hijo de decírselo a los familiares del conocido de donde estaba enterrado su padre.

El nieto de este fusilado estuvo buscando por la zona durante mucho tiempo, iba constantemente a la taberna del pueblo y finalmente alguien le dijo dónde había una fosa común. El nieto fue al lugar, escavó y encontró huesos, cerró la tumba y llamó a la Asociación de la Memoria Histórica.

A partir de ahí tuvimos mucha suerte y dieron el consentimiento para abrirla. Arqueólogos, sociólogos y antropólogos trabajaron juntos durante todo el verano del 2003 para abrir lo que finalmente serían dos fosas juntas, una al lado de otra. Una era la de todos los que salieron de la cárcel el mismo día que mi abuelo y la otra se desconocía su procedencia. En total creo que eran 46 cadáveres. Todos ejecutados y con tiros en la cabeza.

Al principio mi madre y sus hermanos Leandro, Natividad, Julián, Pablo y Amelia tenía recuerdos vagos, lejanos, eran flashes que intentaban colocar en una línea temporal. Mientras veía como recomponían su memoria me vinieron una serie de preguntas: ¿Cómo se crea la memoria oral o cómo se construye?, ¿cómo aparece?, ¿cómo se desarrolla?, ¿y cómo se afianza?

A partir de esta experiencia he visto cómo, partiendo de un pasado común dominado por la confusión, las personas empiezan a compartir sus experiencias y sus viejos secretos. Organizan sus recuerdos a modo de gran puzzle y los pequeños datos parciales se van uniendo y entrecruzando, para dar paso a la gran historia personal, que a medida que avanza, va creando un hilo temporal. Detalles inadvertidos vuelven a la memoria de los protagonistas, recuerdos de alguien que dijo algo hace setenta años y que su madre les había ido recordando. Junto a este acto de recordar aparecen imágenes fantasmas, o como diría Derrida «espectrales», escenarios que les devuelven a un lugar herido y dolorosamente recordado o inconscientemente olvidado.

Quise hacer una videoinstalación con el audio de mi familia mientras compartían cada uno sus recuerdos y registrar las imágenes de la apertura de la fosa. Finalmente, un año después, mi tío Leandro ya tenía, con todos los recuerdos compartidos, su cerrada memoria común y le grabé en la mesa de la cocina de casa de mi madre.

Lo que vi y respiré en ese tiempo fue el orgullo y el éxito cuando se encuentra y recupera al ser querido que se buscó desde la infancia, aquel al que no dejaban nombrar, era el amigo, el familiar «innombrable». Orgullo y éxito es lo que se siente al recuperar la dignidad robada. La necesidad de pasar página para superar, de acabar la búsqueda que empezó tu madre o tu abuela hace setenta años atrás, es una urgencia que les presiona. Poder enterrar a mi abuelo Pablo en la misma tumba que mi abuela Nicerata fue toda una liberación.

Vivienda precaria construida sobre escombros

Invasión sucesión 5

La autocensura y la creación vistas por Montserrat Soto

G.— Una de tus últimas exposiciones ha sido Imprimatur, incluida en PhotoEspaña 2918, donde reflexionas sobre el tema de la censura. ¿Te sientes libre para hacer artísticamente lo que quieres? La autocensura existe, y no solo en el plano artístico, ¿somos conscientes de ella?

M. S.— En Imprimatur quise mostrar un poco cómo algunos autores han tratado el tema de la creación. Es difícil históricamente hablar de la censura y la autocensura en el arte, porque es hablar de algo que no está, de aquello que falta. Cuando me planteé Imprimatur, me introduje en un mundo donde la imagen es poder. Una historia en donde la imagen, inicialmente, desconocía la separación entre creador y ejecutor, pero que posteriormente quedó sometida a estamentos institucionales y judiciales y la obra fue adquiriendo un valor sagrado y el artista quedo relegado de ser un artista creativo a ser un artista de encargo. En este periodo encontramos: la crisis de la imagen, el poder de la imagen y el control de la imagen (lo mismo que esta pasando ahora mismo en la web superficial). Hans Belting, en su libro Imagen y culto nos explica muy bien cómo la Iglesia legitimó la imagen para la veneración y así intentó mantener el control del pueblo. Solo a través de las leyes que imperaban en esos momentos podemos, quizás, interpretar el arte de cada época.

Mientras haya leyes que puedan despojarnos y controlar el acto creativo, siempre habrá autocensura.

¿Cómo nos autocensuramos? Por ejemplo, por los temas que pueden herir a parte de los espectadores y no son políticamente correctos, y como he dicho antes por las leyes jurídicas que hay en cada momento y que hace que nos autocensuremos, porque si no tendremos que enfrentarnos a ellas. La autocensura es constante en toda la historia del arte, es y ha sido nuestra mayor enemiga. Solo hay que mirar qué falta en las exposiciones, porque lo que falta es porque ha sido censurado por las leyes o por las moralidades del momento, o porque se aconseja no exponer, porque no es políticamente correcto en los espacios públicos o, porque no se puede vender en los espacios privados.

La autocensura que demuestro en la exposición por parte de los artistas era notable. Así encontramos en el prólogo de Camino de la perfección de santa Teresa de Jesús: «leedlo como pudiereis –que así lo escribo yo, como puedo-; y si no quemadlo por mal que va» o Miguel de Cervantes: «Tú, lector, pues eres prudente, juzga lo que te pareciere, que yo no debo ni puedo mas…», o como Descartes, después de enterarse de la condena a Galileo, escribe una carta a su amigo Mersenne diciendo que no va a publicar su libro porque «prefiero suprimirlo a publicarlo mutilado».

¿Cómo podemos superar la autocensura? Solamente analizándonos y venciendo ese miedo de hacer público lo que hasta ese momento ha sido íntimo y privado.

G.— En esta exposición presentabas una videoinstalación sobre Goya en el que este se lamentaba de las intromisiones que había recibido mientras trabajaba en la basílica del Pilar. Este año se cumple el bicentenario del Museo del Prado, donde se expone la mayor parte de la obra de este pintor. Goya es considerado por algunos estudiosos como el primer pintor moderno, ¿es Goya un pintor actual que siga interesando en el siglo XXI?

M. S.— Desde luego, para mí está entre los más importantes artistas. Primero porque supo convivir con la época, era pintor de cámara, y a la vez hacer un trabajo paralelo que reflejaba todo aquello que no estaba permitido pintar. Esas pinturas, las más importantes, han podido sobrevivir en el tiempo porque existían las otras obras, las institucionales.

Goya reclamaba la libertad en el desarrollo de su trabajo porque de otra manera entendía que renunciaría a la dignidad de artista y se expondría «a no poder hacer uso de su talento».

Hay que recordar que el artista nos habla desde un lugar en donde no existía libertad de creación, sino intereses externos que condicionaban sus procesos artísticos. Por eso, Goya se esconde y huye entre los espacios de sus dibujos y algunas de sus pinturas.

Varios cuadros con distintos motivos en exposición y sin orden aparente

Archivo de archivos

La vuelta a Gumiel de Montserrat Soto

G.— Volvamos ahora a Gumiel. Dinos por qué te decidiste a volver al pueblo de tus padres e instalarte aquí. ¿Por qué elegiste el barrio de la Mina? Háblanos de la restauración de tu casa.

M. S.— Se produjeron varias necesidades, la primera es que para trabajar necesitaba más tiempo y menos distracciones. Buscaba un lugar cerca de una gran ciudad y también necesitaba espacio para desplegar todo mi archivo para poder consultarlo. Además, dejé de trabajar con la Galería de Helga de Alvear en Madrid y me devolvía todas las obras y necesitaba un almacén. Bajo estas condiciones, Gumiel de Izán era un lugar muy fácil. Mi prima Tere me dijo que la casa de su tía Patro y su tío Felipe estaba en venta, por lo que fui a verla y en el momento que entré me gustó y decidí apostar por ella.

La restauración me la hicieron los Pintado —Marcelo, Jesús y Amancio— y fue una gran experiencia. Son unos grandes profesionales y con un nivel de exigencia y de paciencia que agradezco mucho. La casa no era de materiales nobles por lo que su reconstrucción fue muy difícil. Respeté toda la estructura exterior y sus materiales. Sacar todos los adobes en mal estado, limpiarlos y volverlos a poner fue duro para ellos. El trabajo de los pilares de madera también. Finalmente quedó una casa muy agradable de habitar y bastante accesible. Todavía hoy se esta aposentando.

G.—Nos ha dicho un pajarito que cuentas con una excelente biblioteca. Háblanos de ella. ¿Te ayudan mucho los libros en tu trabajo? ¿Qué resaltarías de ella?

M. S.— Bueno, no tanto como me gustaría. Hay un poquito de todo y una gran parte es de revistas, no solo españolas, que van desde 1850 hasta la entrada de internet. Más que biblioteca lo que tengo es archivo. Gran parte de mis libros, sobre todo desde mi actividad artística, están catalogados bajo los diferentes temas que he ido trabajando.

Por supuesto que los libros son para mí un punto de partida en mi trabajo. Resaltaría de mi archivo que hay muchas ausencias.

G.— ¿Te inspiras en el paisaje o en las calles de Gumiel?

M. S.— Me gusta pasear por las calles de Gumiel, sobre todo por la noche y oír su silencio. Hago fotos sobre todo para mi archivo, aunque a veces las he utilizado para mi trabajo.

Recuerdo el ruido que hacían los chopos por el Camino de la Virgen, era impresionante. A partir de ese sonido hice una videoinstalación.

En mi última serie que se llama Infierno ciego, que la presenté en Barcelona este año, hay muchas imágenes de la zona de Burgos. Son la representación de los paisajes que describe Virgilio, atravesando el infierno, en la Divina Comedia de Dante. Fui buscando esos paisajes que describe entre mi archivo y el entorno de Gumiel. Para ello necesité la ayuda de mis amigos Víctor y Mariví, que son muy conocedores de la zona.

G.— Desde tu punto de vista de artista, ¿cómo ves la vida cultural de Gumiel?

El papel que hace Mario Pascucci en En Cuadra es increíble. Que podamos oír música en directo, compartir sus laboriosos aperitivos tan exquisitos, mientras hablamos los allí presentes en los diferentes eventos, es un lujo. No solo nos trae gente de Aranda y de los pueblos de alrededor, sino que esa gente es gente interesada en compartir experiencias y sensibilidades artísticas. Es extraño que no vaya más gente de Gumiel, pero espero que eso se solucione.

Me parece extraordinario como la Charanga de Gumiel haya evolucionado de una manera tan profesional.

Recuperar las danzas y nuestras canciones también es importante. Me ha dicho un pajarito que se están adaptando algunas letras para poder cantarlas, por lo que espero ver el resultado para poder cantarlas sobre todo en las fiestas.

Llevo años proponiendo a María Jesús, nuestra concejala, la necesidad urgente de tener una publicación en formato libro, que recoja el exhaustivo trabajo que Pedro Ontoria Oquillas ha hecho sobre la memoria de Gumiel y sus alrededores, me parecen extraordinarias sus investigaciones, y estoy segura de que debe tener en el tintero más información para sorprendernos. Es una suerte tenerlo en esta Comunidad y agradezco de verdad su meticuloso y exquisito trabajo de investigación. Para el pueblo es muy importante y necesario reunir toda su obra en una importante publicación, sigo insistiendo.

G.— Eres miembro de una de las peñas con más solera de Gumiel, El Cubillo. ¿Crees posible que la actividad de las peñas en nuestro pueblo supere alguna vez el ámbito de las fiestas, y sean capaces de desarrollar otro tipo de proyectos culturales, como están llevando a cabo algunas peñas en Aranda?

M. S.— Sería maravilloso, de hecho, la peña de los Maruris creo que tienen propuestas fuera del ámbito de las fiestas, pero es difícil porque históricamente se han creado para las fiestas, y gran parte de los componentes de las peñas vienen solo para esos días. Es curioso ver cómo la gente, año tras año, viajamos para poder estar juntos y comer, hablar, reírnos y compartir momentos donde está nuestro presente y en donde siempre se habla de nuestro pasado colectivo. Es interesante valorar cómo hemos crecido y cambiado casi todo, excepto estos encuentros. Pensad que esto ha tenido que ser una decisión importante para cada miembro de la peña, ya que ha tenido que ponerse por encima de todos los cambios de nuestras vidas.

El encuentro de solo unas pocas horas a través de los años es la unión de la mayoría de estas peñas. A mí siempre me ha asombrado ver cómo se puede seguir manteniendo esta unión que añora el tiempo pasado de una juventud que tuvo momentos sorprendentes y de descubrimiento, de un paisaje que nos ha atrapado a través del tiempo y de una pequeña comunidad que organiza, acoge y comparte con alegría estos reencuentros.

G.— Vamos acabando, ¿qué han significado en tu trayectoria los premios recibidos este año? ¿El haber recibido el Nacional de Fotografía significa haber alcanzado lo máximo en el reconocimiento o hay más?

M. S.— Este es el año de los premios, no me lo esperaba. Ha significado una agradable sorpresa.

En cuando a la segunda pregunta, creo que el poder seguir trabajando en este medio, el poder seguir expresándome a través del arte y que encima pueda mostrarlo, eso, creo, es el mayor éxito.

G.— Finalmente ¿podremos disfrutar en el futuro de una exposición de Montserrat Soto o de alguno de sus trabajos en Gumiel?

M. S.— Por mi parte no hay ningún problema, seguro que podremos organizar algo más adelante.

G.— Montse, te agradecemos muchísimo todo este detalle en tus respuestas, y las muestras de tu trabajo que nos has proporcionado. Todo ello sumará, como grano de arena, a conocerte mejor, a conocer nuestra historia y sin duda a conocer mejor el lado cultural de Gumiel.

Mujer de espaldas, vestida de negro, frente a una salidad de emergencia qeu tiene pintado un paisaje

Foto espacio

Entrevista preparada por María del Carmen Ugarte y Pedro Ontoria.

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El beato Manés de Guzmán y la iglesia de Santa María de Gumiel de Izán

Pedro Ontoria Oquillas nos detalla una de las piezas de arte que guarda la iglesia: el busto-relicario del beato Manés de Guzḿán.

Colección de bustos-relicarios

Diecinueve bustos-relicarios o hermas del siglo XVI están colocados en el muro frontal de la capilla bautismal, conservándose en diverso estado y, por otra parte, históricamente interesantes, de los cuales nos vamos a fijar en el busto-relicario del beato Mamerto o Manés de Guzmán y Aza (1168-1234).

baptisterio con los bustos relicarios en el muro

Baptisterio y lipsanoteca de Santa María de Gumiel de Izán

Este hermano de santo Domingo gozó de gran popularidad no solo en Caleruega y Gumiel de Izán, sino también entre los primeros discípulos del fundador de la Orden de Predicadores.

Vida del beato Manés

Retrato del beato Manés en oración ante un crucifijo

Bto. Manés O. P.

Aunque en la página web de los Dominicos, Beato Manés de Guzmán, leemos que nació alrededor de 1170 en Caleruega, esta es la fecha de nacimiento que se atribuye a su hermano Domingo, por lo que lo más probable es que naciera en torno a 1168, aunque, según los estudios de sor Carmen González, la fecha puede adelantarse incluso a 1166. En todo caso, Manés de Guzmán y Aza es el segundo de los hijos de don Félix de Guzmán y de doña Juana de Aza. Recibe las primeras enseñanzas de sus padres y de su tío don Gonzalo de Aza en Gumiel de Izán.

Ordenado sacerdote, ingresa como profeso benedictino (luego cisterciense) en el monasterio de San Pedro de Gumiel de Izán, antes de asociarse a la obra de santo Domingo. Enterado del trabajo e ideales de su hermano Domingo en el Sur de Francia, se incorpora a su labor apostólica, siendo pieza importante en la realización de sus proyectos.

Estuvo presente en la dispersión de los frailes dominicos el 15 de agosto de 1217. Él fue enviado a París junto a otros frailes españoles y allí colaboró a la fundación del convento de Saint Jacques (Santiago). El viaje a España para consolidar y afianzar las nuevas casas, dispuso Domingo que lo realizara con fray Miguel de Fabra. Desde 1219, le fue encomendada por su hermano Domingo, la atención de las monjas del convento de Dominicas contemplativas de Madrid.

Tras la canonización de su hermano (3 de julio de 1234), marchó a Caleruega para proponer la construcción de una iglesia en el lugar de nacimiento del santo, lugar que más tarde sería monasterio de contemplativas. Murió en el monasterio de san Pedro de Gumiel de Izán y allí fue enterrado.

El Papa Gregorio XVI lo declaró beato.

Carácter del beato Manés

Rodrigo de Cerrato, en su Vida de Santo Domingo, le caracteriza con cinco pinceladas delicadísimas: honesto, afable, humilde, jovial, benigno; y, además, predicador ardoroso; y Gerardo de Frachet, en las Vidas de los hermanos, le califica de hombre contemplativo y santo.

Erat autem frater Mames predicator   Era dicho hermano Mamés un predicador
fervidus, honestus moribus, mittis   fervoroso, honesto en sus costumbres, manso,
humilis, ylaris et benignus   humilde, alegre y benigno.
Obiit autem in monasterio sancti   Y murió en el monasterio de S. Pedro.
Petri de Gomiel et in ecclesia   de Gumiel y fue honoríficamente
honorifice est sepultus.  enterrado en la iglesia.

Veneración del beato Manés

Ya desde un principio Manés de Guzmán gozó de fama de santo y se le enterró honoríficamente. Cuando principiaron a darle culto trasladaron sus reliquias del panteón de su familia al altar mayor, allí estaban expuestas a la veneración pública, juntamente con otras muchas de otros santos, traídas de Colonia. El P. Serafín Tomás Miguel (Historia de la Vida de Santo Domingo de Guzmán, Fundador de la Sagrada Orden de Predicadores, con notas, ilustraciones y disertaciones históricas. Valencia 1706, cap. 3, pág. 7) nos ofrece el testimonio ocular del Prior de los dominicos del convento de Aranda de Duero, P. Baltasar de Quintana, diciendo que el Bto. Manés o Mamés o Mamerto «fue enterrado en el monasterio cisterciense de Gumiel de Izán, en la capilla y sepulcro de sus padres. Trasladáronse después sus venerables reliquias y se colocaron con otras en el altar mayor, donde hoy descansan, puestas en un medio cuerpo de talla, que se cierra con llave por las espaldas.»

Pudo comprobar que en un casco de las reliquias estaba escrito en lengua latina, letra bastardilla, antigua y muy clara, lo siguiente: «Sancti Mamerti Ordinis Praedicatorum, fratris Sancti Dominici de Caleruega in Hispania». Por lo tanto, en tiempos del P. Baltasar de Quintana las reliquias estaban colocadas en el altar mayor, puestas en un medio cuerpo de talla, que se cierra con llave por las espaldas. En la parte que corresponde al pecho, esto es, del medio cuerpo que sirve de urna, en el cóncavo que deja una vidriera de cristal, vio y tuvo en su mano tres pedazos del casco de cabeza en uno de los cuales estaba escrita la leyenda citada.

busto relicario del beato Manés

S. Mamertus, Abbas huius monasterii, [Gomelensis]

El «medio cuerpo de talla», perífrasis o circunloquio usado por el P. Baltasar de Quintana es lo que nosotros denominamos un busto-relicario. El prior del convento de dominicos de Aranda de Duero no dice si tenía inscripción exterior alguna, que, tal vez se lo calle, desdeñándola como falsa, por su convicción de que contenía las reliquias del «auténtico» Manés, es decir, el defendido por los historiadores dominicos.

Según comunicación epistolar del que fuera párroco de Gumiel de Izán, don Eutimio Herrero (14 de octubre de 1986): «el busto relicario de S. Mamerto, abad de este monasterio, tiene su cogulla de monje y, aunque está un poco apolillado, conserva bastante bien la policromía y la leyenda. En su interior hay un pañito blanco con un huesecillo que me parece facial».

Siempre he tenido curiosidad por saber el dictamen o resultado del examen por algún perito del «pañito blanco con un huesecillo que me parece facial». Y tal vez sería conveniente que se tuviese más consideración del busto-relicario haciendo la oportuna restauración y conservación.

No hay duda alguna de que, en los monjes de Gumiel, había veneración y mucho cariño hacia el beato Manés. Y que disputaron la pertenencia de sus restos, en tiempos pasados, las dos órdenes: Cistercienses y Dominicos, a las que, real y sucesivamente, pertenecieron.

El busto-relicario nos induce a pensar que fue profeso en el monasterio de San Pedro de Gumiel de Izán, antes de asociarse a la obra de su hermano santo Domingo, mientras que otras iconografías le consideran dominico como esta que damos a conocer como primicia: un cuadro del convento de Dominicas de Santa Catalina de Siena de Douai (Francia).

El beato Manés en Europa

Los dos hermanos, santo Domingo y el beato Manés se abrazan

Saint Dominique et son frère Manés – XVII –
Recueil dominicain du couvent Sainte-Catherine-de-Sienne de Douai – Douai.

En el convento de Dominicas de Santa Catalina de Siena de Douai (Francia), fundado en 1662, se conserva un volumen manuscrito del siglo XVII donde está la lámina B. M. Manes Gusman, Manibus S. P.Dominici Fratris sui, habitum ord. Praed.suscepit. Integritatis fuit exemplum.

Ha sido una grata sorpresa el hallazgo de este manuscrito que, según M. de Coussemaker, en los folios de 1-102, son pinturas al óleo que representan la genealogía espiritual de Santo Domingo, las alegorías que figuraron en la solemne procesión del 11 de mayo de 1631 celebrada con motivo del cuarto capítulo provincial de la orden, la genealogía temporal de santo Domingo, los objetos de arte propiedad del Convento de Santa Catalina. El folio final 104 crónica del convento, textos explicativos de ‘ymaiges’ [¿mujer?], varios documentos.

Otras reliquias del beato Manés

También conviene recordar que en Gumiel de Izán se conserva otra reliquia de Mamerti Generalis Cisterciensis en la Cruz-relicario de la Vera Cruz.

cruz relicario esmaltada

Pedro Morente, circa 1575

 

 

Detalle de uno de los remates con escenas de la Pasión

Grabado de Cristo con la cruz a cuestas
Cruz-relicario de Gumiel de Izán.

 

 

 

 

 

 

 

De alrededor de 1570 es este relicario punzonado por Pedro Morante, platero de Aranda de Duero, pero residente desde 1602 en Roa. Los extremos del relicario se adornan con grabados de la Pasión. Se trata de grabados sobre papel, protegidos bajo cristal, como los que circulaban entre los plateros y servían de fuente de inspiración iconográfica (Barrón García, 1995 y 2003).

Marcas del punzón

Marcas del Relicario de Pedro Morante.

En este relicario de plata de la Vera Cruz hay las siguientes inscripciones:

a) Círculo superior: Agnus vincit leonem.
b) Círculo brazo derecho: Stae. Catherinae Virginis.
c) Círculo brazo izquierdo: Sancti Benedicti Abbatis.
d) Círculo entre brazos: Redemptorum gloria. [Es la reliquia de la Cruz].
e) Círculo inferior: Sanctae Candidae Virginis.
f ) En el pie, central: Xacobi Ap., Petri Apostoli, Bartho. Apos.
g), h), i) Cir. del pie: Sancti Gregorii Martiris – Mamerti Generalis
Cisterciensis – Sanctae Justinae Virginis.

Marca del punzón de P. Morante

Punzón de Pedro Morante.

Algunas de estas reliquias faltan, especialmente en el pie debido al mal trato cuando fue robada en 1985.

 

Bibliografía

pprtada de la novena del beato Manés de Guzmán

Portada de la Novena al Bto. Manés de Guzmán O,. P.

  • ANIZ IRIARTE, Cándido O.P.  y  HERNÁNDEZ,  José María Pbro.: Santo Domingo Canónigo de Osma. Presencia Dominicana en la diócesis de Osma. Editorial San Esteban, Salamanca, 1997
  • BARRÓN GARCÍA, Aurelio: «La platería arandina en el siglo XVI»,  Biblioteca. Estudio e Investigación, n.º 10, Aranda de Duero, 1995,  pp. 47-54.
  • —: «Platería y artes decorativas en el Renacimiento del Duero», Biblioteca. Estudio e Investigación, n.º 18, Aranda de Duero 2003, pp. 180 y 203.
  • GONZÁLEZ, Sor Carmen O.P.: Beato Manés de Guzmán «Hermano de Santo Domingo». Imprenta Monte Carmelo, Burgos, 1997.
  • — y CUADRADO, P. Ricardo O.P.: La «Santa Familia» de Caleruega. Impresión y Encuadernación, Monte Carmelo, Burgos, 2004
  • ONTORIA OQUILLAS, Pedro: «Reliquias del Beato  Manés de Guzmán en Gumiel de Izán», COMMUNIO Commentarii Internationales de Ecclesia et Theologia. Studium Generale, O. P., Volumen XXI (Sevilla 1988) pp.73-90).

Pedro Ontoria Oquillas

Septiembre 2019

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Paseos amenos y culturales por los pagos de San Pedro

Os invitamos a dar un paseo cultural por los pagos de San Pedro, guiados por Pedro Ontoria y María del Carmen Ugarte.

Hacia San Pedro volviendo por San Antonio

Un paseo, en otro tiempo muy frecuentado y hoy bastante menos, es el que discurre desde el pueblo bajando hacia San Pedro o San Antonio, bordear la tapia del monasterio que linda con el monte, y volver al pueblo por el otro camino, es decir, hacer el recorrido en sentido a las agujas del reloj o bien en sentido contrario.

Si el paseo se hace en sentido de las agujas del reloj, se puede alargar cogiendo alguno de los dos caminos que van a las bodegas de Nabal o Riberalta, que también pueden merecer una visita, y si el horario es propicio, tomarse un vino en la primera, o algo más en el restaurante Castillo de Izán, junto a la segunda.

Vega de San Pedro

De la Tina a San Pedro

Nosotros haremos el camino en sentido contrario a las agujas del reloj, por lo que comenzamos en La Tina, junto al pilón.

Aquí es precioso recordar que en la casa que hoy es propiedad de Antonio Nuño y Rosi del Olmo, hubo durante buena parte del siglo XX un molino harinero, movido por la energía eléctrica que le surtía el molino de San Pedro, del que hablaremos más adelante.

La Tina (circa 1970)

Seguiremos carretera abajo y justo al lado de la entrada a la cooperativa del campo, y el inicio del camino de San Pedro, veremos el último de los hitos del Camino de Santo Domingo, ruta turística que discurre entre Caleruega y Gumiel de Izán, pasando por las localidades intermedias de Valdeande, Tubilla y Villalbilla. En ella unos hitos van rememorando la vida del santo, que como todos sabemos nació en Caleruega pero fue educado en Gumiel de Izán por su tío arcipreste, de ahí que con este camino se haya querido recordar el trayecto que haría el santo, desde su hogar en Caleruega al de su tío en Gumiel, vega abajo del Gromejón.

A pocos pasos a mano izquierda, el paseante encontrará resumida en el hito 37 del citado camino, la historia medieval de Gumiel de Izán: su carácter defensivo de frontera; datación probable de la muralla y castillo en el siglo X; posible nacimiento en Gumiel  de Per Abbat, autor de la copia de 1207 del Cantar de Mio Cid; otorgamiento del título de villa y protección de la corona por los reyes Alfonso XI y Constanza (1326); y finalmente la sesión inaugural del Concilio de Aranda  en el monasterio de San Pedro (1473).

Damos unos pasos más y la vega del Gromejón se abre ante nuestros ojos, mostrándonos el paisaje propio de ribera: campos de cereal, el amarillo de los girasoles brindan unos tonos espectaculares, la vegetación de ribera, el verde oscuro de los chopos y el verde más matizado, aquí y allá, de las viñas. Al fondo, el monte San Pedro, hacia el que nos dirigimos. Al lado del camino será fácil encontrar numerosas plantas de rosales silvestres, que proporcionarán a nuestra vista flores blancas en primavera y frutos rojos —los corales o tapaculos— al final del verano y principios del otoño. Encontraremos también plantas aromáticas, ajenjo, gordolobos, achicoria y numerosas plantas silvestres, de cuyas propiedades las nuevas generaciones nos hemos ido olvidando.

Escaramujos, corales, o tapaculos (Rosa agrestis)

Llegamos al puente de San Pedro, de un solo ojo. Es muy posible que por su ubicación, en la calzada romana que unía Clunia con Roa, tuviera un origen romano. No obstante, alcanzaría su máximo auge en la Edad Media con el desarrollo de las comunicaciones norte sur. Su ubicación estratégica sería una de las razones para el establecimiento del monasterio de San Pedro en sus proximidades. A lo largo de su vida, las distintas avenidas le provocarían derrumbamientos y deterioros, siendo la fábrica actual de 1647, realizada por Melchor de Bueras, Pedro Díaz de Palacios y Pedro Díaz Alvear.

En 1745 las avenidas lo volvieron a derribar, teniendo que procederse a su reconstrucción. En la actualidad el puente está restringido al tráfico de vehículos, habiéndose habilitado una vadera parte abajo de él para el paso del río.

Puente de San Pedro

Puente se San Pedro sobre el Gromejón

Los restos del monasterio

Llegamos así, tomando el camino de la izquierda, y tras pasar una fuentecilla que todavía mana agua, al lugar donde estuvo el monasterio de San Pedro, y del que solo quedan unas pocas piedras, los restos de un muro, y algún microtopónimo, Los Claustros, que es como denominan sus propietarios a las tierras que quedan entre los restos del convento y el río: «Teníamos una tierra de regadío en Los Claustros antes de llegar a lo que era el molino».

Detengámonos ahora en saber algo más sobre el monasterio, según la documentación que nos ha llegado, y recordando, para los que quieran abundar en el tema que puede leerse en línea el artículo que Ontoria Oquillas escribió para Biblioteca (ver bibliografía).

Durante el reinado de Alfonso VIII (1158-1214) se construyó la iglesia románica del monasterio en forma de cruz latina, con una nave de 42 metros de longitud por 18 la del crucero, según los datos recogidos en Círculo Románico.

En 1880, Germond de Lavigne  (1880: 445) aseguraba que aún permanecían restos interesantes del convento y se conservaban las paredes de la iglesia del monasterio, que era de ancha como una de las naves de la iglesia parroquial de Gumiel, aunque algo más corta. La puerta estaba al poniente, según vamos por el camino de Gumiel, y la torre al lado derecho del altar (Palacios, 1969: 99).

Restos de la torre (Peláez, 1917)

Parece que la torre, de la cual se conservan impresas dos fotografías del siglo XX, por los restos que quedaban en 1917  (Peláez, 1917: 139; Jimeno Vela, 1931)  era, según nos comunica José Ignacio Sánchez Rivera,  en correspondencia particular, una torre pórtico, pues parece entreverse un gran hueco, resultado del expolio de la portada. bajo el lienzo de la torre. Esto enlaza con que era una fundación de Alfonso VIII, el mismo monarca que fundó el Hospital del Rey en Burgos, donde también se levantó una torre pórtico que se conserva en parte, pues tuvo un derrumbe en su lienzo sur y fue reconstruido. Además se le suplementó un cuerpo al campanario en el estilo de Juan de Naveda, con arco y un óculo encima, muy frecuente en Burgos.

También es torre pórtico la de las Huelgas, que da paso a una capilla paralela al ábside principal y que también fue fundación de Alfonso VIII de Castilla. La cuestión es, ¿no serían torres gemelas esta de Gumiel con la del Hospital del Rey? Si fuera así, serían los edificios que introdujeron en Castilla la tipología de la torre-pórtico, que es de origen normando y que luego se extendería en Santa María, después colegiata de Roa y en San Mamés de Villaescusa de Roa. También se extendería a San Miguel de Palencia y ya, por tanto, quedaría como modelo para las torres de la época de los Reyes Católicos (Ledesma, Ampudia, etc).

Hoy varios hitos del Camino de Santo Domingo nos recuerdan sucintamente y en lo esencial la importancia de este convento en la Edad Media. El monasterio fue en decadencia y sus bienes salieron a pública subasta tras la desamortización en 1844.

Tapia de la huerta del monasterio de San Pedro

Bordeamos lo que queda de su tapia, paños muy bien conservados que nos dan idea de la importancia del recinto, nos adentramos en el monte de San Pedro, donde podemos apreciar importantes especies de encinas (carrascas), de hoja perenne;  y quejigos, que por aquí solemos llamar robles, de hoja caduca. Si observamos las hojas, y en época adecuada, podremos ver su fruto, la bellota, y las excrecencias producidas por una especie de avispa, las gállaras y gallarones, con las que jugábamos en la infancia.

Gállaras

En la tapia hay algunas oquedades desde las cuales se obtiene una vista magnífica del valle y de las ruinas del molino, que como hemos dicho antes proveyó de luz durante algún tiempo al pueblo, y más tarde al molino de La Tina. En lo que a molinos se refiere, hay que recordar que el monasterio fue propietario de dos molinos sobre el Gromejón, y alguno más en los pueblos de alrededor.

Vista de la vega del Gromejón a través de la oquedad en la tapia del convento de San Pedro

San Antonio y vuelta al pueblo

La tapia hace un ángulo recto con un cubo perfectamente conservado. A su lado, y bordeando el monte, camino de San Antonio, se extiende una extensa plantación de viñedo, propiedad de Riberalta.

Cubo este-sur

Llegamos a las inmediaciones de San Antonio, la ermita nos vigila desde lo alto, y abajo, en la pradera, bordeando el camino, parece que todavía nos llegan el olor de las chuletas y los ecos de la música de la última romería.

Un nuevo hito del Camino de Santo Domingo, el número 31, nos recuerda que la ermita fue eregida en el siglo XVII, presentando un formato popular. Ha tenido que ser reparada en numerosas ocasiones, habiéndose sustituido a finales del siglo XX por completo el tejado y rematado su campanario por una cruz.

A sus pies, emprendemos la vuelta al pueblo. Volvemos a atravesar el Gromejón por el puente de San Antonio, de tres ojos e igualmente de posible origen romano, ya que por aquí pasaba un ramal secundario de la calzada que iba de Caesaraugusta (Zaragoza) a Asturica Augusta (Astorga). No obstante, la traza actual es medieval y a lo largo de su historia tuvo que sufrir, al igual que el de San Pedro, diversas reparaciones. En la segunda mitad del siglo XX se le añadió una viga de cemento para ampliarlo y reforzarlo y permitir así el paso de vehículos agrícolas.

Puente de San Antonio, visto desde aguas arriba

El camino se hace ligeramente cuesta arriba, la llamada Cuesta de los Pollos es la primera que subimos, luego nos encontramos un tramo llano, Los Arenales, donde en una finca de al lado del camino se colocó hace bastante tiempo un contenedor pintado de blanco, que ha ido creciendo y  en la actualidad son tres pintados de azul, lo que no deja de ser una nota curiosa en el paisaje.

Contenedores azules en Los Arenales

Otra cuesta nos encamina ya de vuelta al pueblo, entramos en él por la colonia de chalets del Puente Seco y la zona de peñas, denominada popularmente Las Malvinas, ya que coincidió su acondicionamiento con la guerra de ese nombre. Por las traseras del Castillo, en otro tiempo eras de San Sebastián. podemos apreciar cómo creció el pueblo por ese lado.

El Castillo, con sus todavía historias de cuevas que excavaron los moros y pasadizos secretos que llegaban hasta el río nos sirve de compañía en el último tramo de nuestro paseo.

Cerco conservado de la torre fortaleza, el castillo. La puerta estaba al sur.

Bibliografía sobre el monasterio de San Pedro

JIMENO VELA, Faustino: «El derruido monasterio de San Pedro de Gumiel de Hizán, sepulcro del venerable Velázquez promotor de la Orden de Calatrava», Hogar y Pueblo, Burgo de Osma, núm. 756, 24 de enero de 1931.

LAVIGNE, Germond de: Itinéraire de l’Espagne et du Portugal. Paris, 1880.

ONTORIA OQUILLAS, Pedro: «El Concilio de Aranda. Aportaciones para su historia externa», Boletín de la Institución Fernán González, n.º 187 (Burgos, 1976/2) pp. 999-1046.

ONTORIA OQUILLAS, Pedro: «Huellas memorables del Monasterio de San Pedro de Gumiel», Biblioteca, 29-30.

PALACIOS, Francisco: «Abaciologio del monasterio de San Pedro de Gumiel de Izán», Boletín de la Institución Fernán González n.º 172 (Burgos 1969).

PELÁEZ, Antonio G.: Cuna y abolengo de Santo Domingo de Guzmán. Estudio histórico de Caleruega. Madrid, 1917.

PÉREZ GONZÁLEZ, Carlos: El Concilio de Aranda (1473). Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Segovia 2007.

SÁNCHEZ RIVERA, José Ignacio: Los puentes de la Ribera Burgalesa. Excm. Diputación Provincial de Burgos, 2010,  pp. 55-57.

 

Pedro Ontoria Oquillas y María del Carmen Ugarte García

Septiembre de 2019

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Incendios que salvan vidas

El equipo de Gomelia recuerda uno de los incendios que dejaron profunda huella en la memoria gomellana.

El incendio de noviembre del 36

En la memoria gomellana un incendio se recuerda especialmente, el que en noviembre del 36 se declaró en varias casas de la carretera y que según la propia memoria salvó de una muerte segura a unos cuantos gomellanos.

Foto actual de las casas de la carretera

El fuego

El incendio se declaró en lo que era la casa de los Gorrillos (la central que aparece en la foto) y afectó a las dos casas colindantes, la de los Petitos, al norte, y por el sur a la del  tio Jaime: las dos ventanas sobre fachada blanca, más la ventana pequeña de la planta baja.

Era de noche y el matrimonio estaba en la cama. Fue la burra la que los alertó con sus rebuznos y coces, y el matrimonio se salvó saliendo a la calle casi desnudos. No tuvo la misma suerte el animal, pues al tener almacenada en la cuadra gran cantidad de leña, el fuego se propagó con gran virulencia al resto de la casa. La casa se quemó por entero perdiéndose todos los bienes que poseían, incluido el pobre animal. Cuentan los que entonces eran chicos y fueron testigos del acontecimiento que la pobre burra parecía un cochinillo chuamuscado.

Las campanas tocaron enseguida a rebato. Los vecinos acudieron en auxilio y enseguida se formaron dos largas filas con calderos que bajaban hasta el río: una fila para los vacíos y otra para los llenos de agua, pero todo el esfuerzo fue inútil para salvar la casa.

La saca frustrada

Sin embargo, no todo se perdió, pues cuenta la memoria gomellana que aquella noche se salvaron algunos de ser paseados y por tanto, de una muerte segura. Se rumoreaba que iba a haber una nueva saca, por lo que aquella tarde algunos vecinos prudentes, sospechando que las brigadas falangistas rondaban por el pueblo, se habían quedado en casa, pero a la llamada de la campana todos acudieron.

Dicen los más arriesgados que algunos señalados ya estaban subidos al camión cuando se declaró el incendio. Otros que en realidad el camión no llegó a pasar, pues enseguida se desvió la circulación hacia Quintana y La Aguilera camino de Aranda, con lo que tuvieron que darse la vuelta. Terceros dicen que las dos filas impedían todo paso de vehículos. Finalmente cuentan también que los que venían al mando, viendo la solidaridad de los vecinos, no se atrevieron a seguir, ante el temor de que el pueblo se volviera contra ellos.

Sea como fuere, los detalles poco importan,  el caso es que la memoria gomellana guarda el recuerdo de estas personas anónimas, pues sus nombres no han trascendido, que aquel día salvaron la vida gracias a un incendio.

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La corte de honor de 1980

Compartimos con los amigos de Gomelia este recorte del Diario de Burgos, enviado por nuestro colaborador Pedro Ontoria Oquillas.

Recorte del DB con la fotografía de la reina y las damas más el programa de fiestasd

Diario de Burgos, jueves, 14-08-1980

El Diario de Burgos se hacía eco de las fiestas patronales de Gumiel en agosto de 1980.

Como curiosidad, aparte de las fotos de las jóvenes y guapas gomellanas que aquel año formaron la corte de honor, se celebraron por aquellos años algunas novilladas en una plaza portátil que se instaló en Santa Lucía. En el programa del día de San Roque figuraba la actuación de una señorita torera, Maite Aldazábal.

El baile vermú tras las misa no había caído en desuso aún.

Nota: ¿Te ha gustado esta noticia? Si guardas recortes similares, envíanoslos y los compartiremos junto a tus comentarios.

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El Arco de los Mesones

Pedro Ontoria Oquillas nos da a conocer algo más de la historia del pueblo, centrándose esta vez en el Arco de los Mesones y su entorno.

Gumiel de Izán, villa amurallada

El Arco de los Mesones o del Matadero es una de las cinco puertas de acceso a la villa de Gumiel de Izán que tenía la antigua muralla. Por él pasaba el Camino Real de Madrid. Está en el extremo norte de la calle Real y en el extremo sur aún se conserva un trozo de la muralla que rodeaba toda la villa.

Fotografía en tonos ocres de los años 70

Arco de los Mesones 1977

foto en blanco y negro

Puerta de Colladiello. Restos de la muralla en La Tina

Diversos autores nos recuerdan que Gumiel de Izán se encontró cercada de buenas murallas, las cuales estaban ya construidas en 1464 1. Loperráez Corvalán (1788) afirma que en su tiempo «la villa de Gumiel de Izán estava cercada de muy buenas murallas»2. A finales del siglo XVIII el comunicante de Tomás López escribía que «ha estado aún en este siglo cercada de muralla de cinco puertas y una fortaleza que la coronaba de cuyas obras sólo han quedado hoy los cimientos de dicha fortaleza, escombros de las murallas y dos puertas que son las del Mediodía y Norte que forman el Camino Real de Madrid a Burgos».3

Las puertas de la muralla

El traslado romanzado del privilegio de donación y varias franquezas del monasterio de San Pedro de Gumiel de Izán, que trae la obra de Tomás González, aparecen los nombres de las puertas:

… Yo don Fernando….do e otorgo a Dios e a la orden e al abad e al convento del monasterio de San Pedro de Gomiel de Izán en limosna estos vasallos e casas e solares yermos e poblados que aquí dirá dentro en la villa como entran por la puerta de Colladiello los que van e vienen de las Extremaduras a Burgos, la tal derecha Ayuso fasta la puerta de la Poza a la mano derecha, e de la puerta de la Poza la cerca arriba a la cuadra, e dende a la puerta de San Babilés e dende a la torre de Malpica, e dende a la puerta de Palacio, e dende al Oterhuelo, e dende a la puerta de Colladiello a donde se comenzó primero4.

De los restos del recinto amurallado de Gumiel, llave estratégica de la transición de la llanura a la sierra, permanecen en pie los de la puerta del Mediodía o de Colladillo, muy retocados. Son conocidos en la actualidad por los vecinos con el nombre de La Muralla, en La Tina5. El conjunto debió de ser muy fuerte a juzgar por el grosor del muro y el tamaño y perfección de los sillares.

Los demás lienzos y puertas de las murallas han desaparecido. Estas debieron coincidir con el plano actual del pueblo, cuyo punto de unión y más importante era el castillo. Tal vez sean algunas reminiscencias el contrafuerte de la antigua puerta de San Babilés y el contramuro de la vivienda de Celina Arauzo, los Petitos, a la salida de la antigua calle San Miguel, actual calle San Juan.

Arco de los Mesones

En la puerta del Norte o de la Poza, en el lado opuesto, al final de la calle Real, se conserva el Arco del Matadero, denominado también Arco de los Mesones. Da acceso al camino de la Virgen del Río. El Arco del Matadero, de construcción tardía, consiste en una puerta de arco de medio punto a la que flanquean dos pilares unidos por una moldura cóncavo-convexa y en cuyas enjutas hay dos escudos raspados que tal vez fueran los del duque de Osuna, don Pedro Téllez-Girón (1755-1807). Al conjunto lo remata un frontón coronado de pináculos y en donde está la siguiente leyenda:

ESTA OBRA SE HIZO A COSTA DEL DUQUE DE OSSUNA SR. DE ESTA VILLA POR DN. MIGUEL LÓPEZ GIL. AÑO 1786.

Es posible que según declara Inocencio Cadiñanos Bardeci (Arquitectura fortificada en la provincia de Burgos. Excma. Diputación Provincial de Burgos, Burgos 1987 pág. 269), el arco se levantara para garantizar el cobro de ciertos impuestos.

La doble denominación del arco, de los Mesones y del Matadero, hace referencia a situaciones funcionales de los espacios adyacentes al arco. Aquí hubo otrora algún mesón o posada y junto al arco existe el edificio público del antiguo matadero, hoy local de usos múltiples por las asociaciones gomellanas. En la actualidad predomina el nombre del Arco del Matadero, pero, parece ser, que su nombre primigenio fue Arco de los Mesones.

Actualización (28-12-2018): «En 1732 había en la villa cuatro mesones, dos propiedad de Martín Gómez Zamarrón, otro de Mateo de la Peña y otro del monasterio de San Pedro, inhabitable» (PALACIOS MADRID, Francisco: Breve historia de la noble villa de Gumiel de Izán y su parroquia. Volumen mecanografiado.
Burgo de Osma.-Enero del año 1974, pág.48).

El entorno del arco

En la explanada de la calle estaba otrora el pilón de los Mesones, semejante al de la Tina, que desapareció con el arreglo de las calles, y durante bastantes años se celebró en ella, así como en el patio interior del matadero, la fiesta de la matanza: exhibición tradicional de la matanza del cerdo.

Cartel de la XIX Fiesta de la Matanza, 13 de marzo de 2011

En el lado opuesto al matadero del arco  se ha levantado hasta hace poco una de las casas más antiguas de Gumiel, cuyo revoco de tierra y su inclinación, así como el estar situada su puerta de acceso por debajo del nivel de la calle, le conferían una especial peculiaridad.

casas de adobe y revoco de tierra con ventanucos que se abren al norte

Traseras de las casas que flanqueaban el Arco de los Mesones 1977

delante de la casa, muros de adobe y una pequeña puerta por debajo del nivel de la calle

Delantera de la casa que flanqueaba el Arco de los Mesones 1977

Las viejas fotografías del arco tras la nevada nos dejan también imágenes pintorescas, a la vez que nos permiten constatar otros detalles de la arquitectura popular de la zona.

El Arco del Matadero nevado, puerta norte

El Arco del Matadero deja ver el entramado de la casa adyacente

Calle Real nevada. En la nieve se ven las roderas de un vehículo

La calle Real termina en el Arco de los Mesones o del Matadero

En la parte extramuros del camino de la Virgen, denominado la Pedraja, el cauce del arroyo que recogía las aguas pluviales que bajaban de la Mina, y que desemboca en el Puentevilla, se llenaba de pecina, por lo que había que mondarlo con regularidad. Hoy, tras el arreglo realizado mediante el cual se soterraron las aguas, la Pedraja es un agradable paseo de entrada al pueblo por el lado norte, con algunos plátanos de sombra y bancos para el descanso de los viandantes.

El Arco como icono del pueblo

El Arco de los Mesones ha servido para ilustrar distintas publicaciones del Ayuntamiento, entre ellas la portada del programa de fiestas del 2018, y en su momento el  Viaje a Alemania del Abad del Monasterio Cisterciense de San Pedro de Gumiel de Izán, 1223 (1989).

Este arco es sin lugar a dudas el lugar más fotografiado del pueblo después de la iglesia. No solo los gomellanos, numerosos viajeros dejan numerosos testimonios gráficos de su paso por él en sus páginas y blogs de Internet.

Finalmente se hace obligado recordar que la bodega cooperativa La Asunción de Nuestra Señora también viene utilizando una imagen del arco para la etiqueta de una línea de sus vinos, que comercializa como Arco de Morozán.

Notas

1 Diccionario Geográfico Universal. Tomo IV, Imprenta de José Torner, Barcelona 1831 sub voce Gumiel de Izán: «Esta villa está cercada de antiguas murallas». LAVIGNE, Alfred Germond de: Itinéraire descriptif, historique et artistique de l’Espagne et du Portugal. Paris 1866, Librairiede L. Hachette et Cie, pág. 512: «Gumiel de Izán, petite ville de 1517 hab., encore entourée de vieilles murailles. Les vestiges d’une forteresse sélevent au sommet de l’une des collines sur les quelles la ville est assise [Gumiel de Izán, pequeño pueblo de 1517 hab., está todavía rodeado de viejas murallas. Los vestigios de una fortaleza se elevan en la cima de una de las colinas sobre las que se asienta la villa.]». MIÑANO Y BEDOYA, Sebastián: Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal. 11 vols., Madrid 1826-1829. Vide tomo IV pág. 432 sub voce Gumiel de Izán: «Está cercada de murallas que demuestran su antigüedad». VEGAS, Antonio: Diccionario Geográfico Universal. Tomo III, Madrid 1814 pág. 175: «esta villa se halla cercada de murallas que indican su antigüedad». VIVIEN DE SAINT-MARTIN, Louis: Nouveau dictionnaire de géographie universelle. Librairie Hachette et cie, tomo II, Paris 1884 pág. 583.

2 LOPERRÁEZ CORVALÁN, Juan: Descripción histórica del Obispado de Osma. 3 vols. Imprenta Real, Madrid 1788. Tomo II pág. 184.

3 LÓPEZ, Tomás (1730-1802): Diccionario geográfico. Sección de manuscritos de la B. N. de Madrid. Ms. 7296, fol. 230.

4 GONZÁLEZ, Tomás: Colección de privilegios, franquezas, exenciones y fueros, concedidos a varios pueblos y corporaciones de la Corona de Castilla, copiados de orden de S. M. de los Registros del Real Archivo de Simancas. Sirve de continuación a la colección de documentos concernientes a las provincias Vascongadas. Tomo V. De orden del Rey Nuestro Señor. Madrid en la Imprenta Real 1830.

5 LÓPEZ MATA, Teófilo: La provincia de Burgos en la geografía y en la historia. Burgos 1963 pág. 183: «El lugar que estuvo encerrado por un recinto amurallado, del cual se conservan los restos de una de sus puertas, entró en 1426 en el señorío del Conde de Castro por casamiento de doña Beatriz de Avellaneda con don Diego Gómez de Sandoval, Adelantado Mayor de Castilla, pasando posteriormente a la casa de Osuna»; Inventario de protección del patrimonio cultural europeo (IPCE). Dirección General de Bellas Artes, Madrid pág. 36.

Pedro Ontoria Oquillas

 

 

 

 

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El belén de los madrugadores

Los maximinos más madrugadores nos felicitan las Pascuas y nos cuentan cómo van haciendo año a año su belén y lo bonito que les queda el árbol.

montañas, castillo y soldados

Hace días que estamos ya en diciembre. Cuando llegamos al cole todavía es de noche y no se ve. Además hace frío, un día incluso nevó. y ese día el frío se notaba más.

Es diciembre y toca poner el belén, todos los años lo hacemos. Las figuritas son nuestras, cada niño, al entrar, aporta una y así poco a poco vamos poblando este pueblecito entre montañas llamado Belén.

escena central del belén: portal y pastores

Las montañas son blancas, las hacemos con papel y en medio de ellas hay un prado donde suben las cabras a pastar. También tenemos un buen rebaño, y pastores, soldados que guardan el castillo, labradores, señoras que llevan regalos al Niño, y otro señor va montado en un carro. Encima de la cueva hay dos ángeles blancos, y otro más en uno de los lados. Guardan el sueño del Niño y también a san José y a la Virgen, la mula y el buey están al fondo. No encontraron posada y tuvieron que meterse allí y ¡menos mal que la encontraron vacía!

riachuelo en el belén

Al lado de la cueva justo se despeña un cascada, ¡menuda cascada! La hacemos con papel de plata al igual que el río. Las casas son blancas, como el castillo. Es un pueblo blanco muy bonito.

Los caminos son de arena, y los prados de musgo y también ponemos ramitas que parecen árboles. Es muy bonito el belén y lo pasamos muy bien montándolo. Se nos va el tiempo enseguida.

árbol de Navidad hecho con materiales reciclados

El árbol es totalmente distinto, pero también es importante, como es importante —nos dice la seño— que aprendamos a reutilizar las cosas, incluso las que no sirven, como los cartones de los rollos de papel higiénico y de cocina, los tapones, los vasitos de yogur, lanas viejas… Con los actimeles salen unos simpáticos muñecos de nieve,  cosas que ya no utilizamos y que tiramos a la basura, así  tienen una segunda oportunidad.

El tronco lo hacemos con los tubos de cartón, y luego lo pintamos todo de verde. Arriba ponemos una estrella de cartón: es la estrella que guía a los Magos.

En fin, que los madrugadores nos lo pasamos muy bien montando el belén y el árbol, y que con ellos queremos felicitar a todos los gomellanos y seguidores de Gomelia.

¡Felices Fiestas!

 

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La fuente de la plaza (II)

Hacemos un inciso para traer la década de los 60. En este caso la fuente no es protagonista, es un elemento más en una preciosa foto costumbrista que hemos encontrado en Internet.

El primer plano: la boda

 

Comitiva nupcial precedida por niño de comunión subiendo las escaleras de la iglesia. Al fondo la plaza

Boda en Gumiel de Izán 1963

Se trata de la boda de Antonio y Rosi, celebrada en abril de 1963 y sin duda un documento gráfico de gran valor para conocer nuestro pueblo un poco mejor.

La foto fue incluida en una de las muchas iniciativas, Álbum ciudadano de fotografías, que se hicieron en el 2011 bajo el proyecto Burgos Cuenta, que pretendía hacer memoria de lo que fue nuestra vida cotidiana bajo el franquismo (1936-1975).

El autor del artículo, Javier Coria, comenta:

La fotografía plasma el momento en que los novios acuden a la iglesia de Santa María en Gumiel de Izán. Como puede verse en la instantánea delante de los novios camina un niño vestido de comunión. Se aprovechaban las celebraciones para hacerlas juntas y, así, ahorrar algo de dinero. La Plaza de Gumiel sigue prácticamente igual.

Por nuestra parte queremos llamar la atención sobre las galas que lucían los invitados a la boda. Los hombres llevan traje oscuro y llevan la tradicional boina característica de pasadas generaciones. La madrina, detrás de la novia, luce traje de entretiempo y el típico cardado de aquellos años. Las niñas, ocultas por el propio traje de la novia, sostienen la cola de este.

También apreciamos un monaguillo a la izquierda por detrás del padrino, pues puede que fuera costumbre acompañar a los novios desde abajo y dar con ello más solemnidad a la entrada de los novios en la iglesia.

Por otro lado, no podemos olvidarnos de los espectadores. De siempre en Gumiel las bodas han sido un espectáculo y el «ir a ver la boda» sin duda uno de sus atractivos. Unas jovencitas, vestidas apenas con un jersey y calcetines, observan la escena desde el atrio. Otras dos ven pasar a los invitados desde el descansillo de la escalinata; una de ellas lleva un pañuelo como el que solían llevar las féminas en otras épocas.

El segundo plano: la plaza, la fuente, las casas

Como no podría ser de otra manera esta bonita foto tiene como marco una de las vistas más fotografiadas de Gumiel: las casas de la plaza a un lado y otro de la calle Zapatería y la propia calle al fondo. A la entrada, junto a la tienda de Afrodisio se aprecia el motocarro de su propiedad, con el que se desplazaba a Aranda a comprar el pescado.

Delante de la bocacalle la gente del pueblo, hombres y mujeres, con algún niño en mantillas en brazos de su madre, contemplan el paso de la boda a una distancia prudencial. Es curioso, pero siempre esperamos el paso de las bodas, de los entierros o de cualquier otro acto que vaya a ocurrir en la plaza desde ese lugar, a la entrada de la calle Zapatería.

Las casas de la plaza apenas han cambiado, solo la casa del rincón, donde ahora está la casa de Simón, es la que ya no está, pues fue derribada para construir la nueva. Esta foto nos deja por ese lado un buen recuerdo de lo que fue la arquitectura tradicional gomellana, de la que hoy apenas quedan ejemplares.

En cuanto al suelo de la plaza parece, con respecto a la foto anterior, que ya tiene algún tipo de asfaltado o cemento, las gallinas ya no pueden rebuscar en sus barros, como sí lo hacían en la década anterior.

Y llegamos a la fuente, motivo central de estos comentarios. Apenas se aprecia, pero fijándonos bien vemos que sobre ella un palo hace de soporte para la bombilla que iluminaba ese trozo de plaza por la noche.

Notas

Recordamos a nuestros lectores que pueden opinar libremente sobre el contenido de esta foto o añadir sus propios recuerdos, utilizando el espacio al final del artículo etiquetado como «Deja tu comentario».

La foto fue encontrada en <http://javiercoria.blogspot.com.es/2011/05/album-ciudadano-de-fotografias.html>

Los textos los han preparado Pedro Ontoria y María del Carmen Ugarte, con ayuda del equipo de Gomelia.

 

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La fuente de la plaza (I)

En sucesivas entregas desde Gomelia echaremos la vista atrás para rememorar cómo era nuestra plaza a través de una de sus protagonistas: la fuente.

En la plaza del pueblo se alza la fuente que durante largo tiempo, y todavía hoy, ha surtido de agua a generaciones gomellanas.

La fuente de la plaza en la actualidad

El agua es uno de los bienes más preciados que poseemos, y aunque ahora la veamos salir con toda facilidad por los grifos de nuestras casas, debemos pensar que no siempre fue así.

La traída de aguas a Gumiel, precisamente a esta fuente de la plaza, se produjo a finales de los años 20 del siglo pasado. Antes el pueblo contaba con numerosos pozos e incluso algunos manantiales dentro del casco urbano, pero sus aguas no eran del todo saludables. La llegada del agua al centro del pueblo supuso un importante avance para los gomellanos, y especialmente para las gomellanas y los niños, que eran normalmente los encargados de ir por agua a la fuente.

Está colocada en el tercio oeste de la plaza, en la confluencia virtual de las calles Las Llanas, Zapatería y Santa María, dejando suficiente espacio alrededor de ella, primero para la circulación de carros, y más tarde de coches y otros vehículos. Podemos decir que la fuente está en armonía y realza la estética de la plaza.

Con anterioridad a la fuente actual, ha habido otras fuentes que seguían en mayor o menor medida las tendencias de los años en que se construyeron.

En estos artículos pretendemos hacer un recorrido por distintas fotografías y dibujos, de distintos años, que tienen como protagonista esta fuente.

La fuente en los años 50

Las primeras imágenes datan de los primeros años 50 del siglo pasado. Es una foto, perteneciente al archivo del Photo Club, catalogada con el número 4501.

Tomada en invierno, puede verse un grupo de gente en el atrio, junto a la cruz, probablemente a la salida de misa, poco han cambiado la costumbre desde entonces. Se puede apreciar en esta foto perfectamente la magnificencia de las escalinatas de subida a la iglesia.

Al pie del atrio, junto al espacio que denominamos la guarida, se ve un coche estacionado. Probablemente fuera el de don Benito, que fue durante muchos años secretario del Ayuntamiento amén de llevar la oficina de la Caja del Círculo. Fue el primer automóvil de Gumiel, o por lo menos uno de los primeros, y los chicos solían gastarle alguna pieza tirando de la parte trasera. Decían que era «el coche de todos».

También pueden apreciarse un par de gallinas correteando a sus anchas, pues podrían aún escarbar en los lodos y barrizales que en aquel entonces abundaban por nuestras calles. Faltarían años hasta el adecentamiento y pavimentación  de las calles y plazas. ¡Todo no era Jauja en aquellos años!

vista de la iglesia y de la fuente

Gumiel de Izán. Plaza mayor: fuente e iglesia (Photo Club de Burgos, n.º 4501)

En cuanto a la fuente constaba de pilón, columna central con dos caños que daban agua constantemente, entonces no nos planteábamos que el agua es un bien escaso, y se remataba por una estructura de tres brazos, soporte de las correspondientes bombillas. En aquellos años, fuente y farola eran todo uno.  La creencia popular desaconsejaba acercarse a la fuente cuando había tormenta por temor a los rayos.

fuente en primer plano, grupo de personas en el atrio

Gumiel de Izán. Detalle de la fuente de la plaza (Photo Club de Burgos, n.º 4501)

 

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