Iniciamos la transcripción del artículo de referencia, publicado en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural , abril, 1918.

Nota geológica acerca de una extensa formación de Turba descubierta recientemente en Gumiel de Izán (Burgos)

por

M. San Miguel de la Cámara

(Lámina vi.)

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Turba descubierta... (hoja 1.ª)

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Boletín de la Real Sociedad española de Historia natural. Abril 1918

Nota geológica acerca de una extensa formación de

Turba descubierta recientemente en Gumiel de Izán

(Burgos)

por

M. San Miguel de la Cámara

(Lámina vi.)

En el pasado mes de Julio tuve precisión de ir a este pueblo y pasar en él algunos días: como mi viaje ro tenía relación alguna con estudios geológicos, ni esperaba se me presentara ocasión de hacer investigaciones geológicas, iba desprovisto del material necesario. Nada más llegar al pueblo me enteré de la existencia de un yacimiento de turba recientemente descubierto y denunciado, y tuve ocasión de examinar algunas muestras: esto despertó en mí deseos de conocer y estudiar la formación, y a ello dediqué un día. El poco tiempo disponible y la falta de aparatos y mapas, me impidieron poder llevar mis investigaciones hasta donde hubiera deseado, y por ello, necesariamente, esta nota ha de limitarse a anotar observaciones y sentar algún problema que posteriormente trataré de resolver o resolverán los geólogos que viven más próximos esta localidad.

La turba aflora en un arroyito de escasísimo caudal, que vierte sus aguas en otro mayor conocido en el país con el nombre de Río del Cristo; el valle principal también se conoce con el mismo nombre; por tener su nacimiento muy cerca de la ermita del Cristo de Reveche. Es un valle ancho, de fondo plano, limitado por dos lineas de cerros que forman reunidos en su parte alta dos lomas alargadas, planas o ligeramente abombadas, de pendiente suave y de poca altura; seguramente no pasan de 20 m. sobre la vaguada del Río de Cristo: ambas aparecen recortadas por multitud de anchurones y vallejos, normales al eje medio del valle principal, siempre de pendiente mayor y como él anchos y de fondo plano (lámina vi, figura 2.ª): tanto aquéllos como éste son utilizados para el cultivo: de secano los vallejos, principalmente cereales y viñedo, y de regadío el valle, por lo menos en su parte inferior, que  constituye una fértil vega llamada de Nandearroyo.

Aflora la turba en el anchurón lateral más importante, que es el

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único recorrido por un arroyo permanente; el barranco abierto por dicho arroyo en la tierra de labor, alcanza ya unos dos metros de profundidad en algunos sitios y en ellos aparece la turba formando las paredes de su lecho menor, cuya anchura es de un metro próximamente; el lecho mayor, cuando se conserva, alcanza hasta cuatro metros (lám. vi, fig. 1.”).

Este afloramiento natural me hacía suponer que en todo el valle y en sus ramificaciones debía existir turba, que naturalmente se iría encontrando a mayor profundidad, cuanto más nos alejáramos del origen de los valles; así es, en efecto: a un kilómetro próximamente, y en una tierra de labor del valle principal, se excavó un ancho pozo, y a poco más de dos metros apareció la capa de turba; otro pozo abierto en la parte más alta del valle, cerca ya del pie de los cerros de la ribera izquierda, también suministró turba, pero de poco espesor y mala calidad; en cambio, en él se encontró, cosa que me llamó la atención, un tronco de enebro y varios trozos y ramas del mismo árbol. Actualmente no hay enebros en aquella región, y no he encontrado indicación alguna de que hayan existido, ni los naturales del país recuerdan haber oído que en el término municipal haya habido bosques de enebros;  sin embargo, hay un término que se denomina «El Enebral», y esto parece, indicar la existencia en él de estos árboles.

Arma la turba entre dos capas de marga gris, que encierran muchos moluscos y restos vegetales, en mayor o menor proporción, según su proximidad a la turba. El contacto no es igual en todos los sitios; así en el afloramiento natural, vemos debajo de la capa laborable una arcilla que va endureciéndose y haciéndose margosa, y en seguida viene la turba, ofreciéndose el contacto clarísimo (lámina vi, fig. 1.8); en el pozo del valle principal hay además de esas dos capas una de marga gris o toba caliza muy arcillosa que, poco a poco va ennegreciendo y cargándose de restos vegetales, troncos, hojas y fibras de musgos.

La turba es musgosa en la parte superficial y compacta en la media y profunda; bastante dura cuando seca y a veces con brillo vítreo y fractura astillosa o concoidea; por lo que creyeron en un principio que era lignito; la musgosa y la menos compacta y la terrosa llevan gran cantidad de conchas. Aunque no se conoce el espesor de la formación en los distintos puntos del valle, por los datos obtenidos puedo asegurar que no excede de dos metros,  siendo por término medio de uno.

 

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